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Las cosas no podían ir peor para Ha

Tampoco admitía haber reconocido, en una declaración anterior ante el juez, que ella tuviera la llave de la iglesia. Es más, decía ahora: nadie la tenía; ni siquiera existía «la llave de la iglesia», sino varías, una para cada puerta, y estaban metidas en los cerrojos. Pero no era eso lo que decía el acta de su declaración ante el juez, que ella había leído y firmado, y Ha

Ha

A veces Ha

Recuerdo cuando la interrogaron acerca de las selecciones que se llevaban a cabo en el campo. Las otras acusadas negaban haber participado en ellas en ningún momento. En cambio, Ha

– ¿Cómo se efectuaban las selecciones?

Ha

– ¿Ninguna de ustedes se negó a participar? ¿Actuaron todas de común acuerdo?

– Sí.

– ¿No sabían que enviaban a las prisioneras a la muerte?

– Sí lo sabíamos, pero cada mes nos mandaban prisioneras nuevas, y había que hacer sitio.

– ¿Así que, para hacer sitio, ustedes decían: Tú, tú y tú os volvéis a Auschwitz para que os maten?

Ha

– Bueno, yo… O sea… A ver, ¿qué habría hecho usted en mi lugar?

Ha

Por un momento se hizo el silencio. En los usos judiciales alemanes no está previsto que los acusados hagan preguntas a los jueces. Pero ahora la pregunta ya estaba planteada, y todos esperábamos la respuesta del juez. Tenía que contestar; no podía pasar por alto la pregunta o borrarla con un reproche o con otra pregunta en tono de reconvención. Todos nos habíamos dado cuenta, él mismo también, y entonces comprendí por qué utilizaba el truco de adoptar una expresión de desconcierto. Esa expresión era su máscara. Oculto tras ella, podía ganar un poco de tiempo para encontrar una respuesta. Pero no podía demorarse demasiado; cuanto más tardara, más crecerían la tensión y la expectación, y más convincente tendría que ser la respuesta.

– Hay cosas en las uno no debe mezclarse, y que uno debe negarse a hacer a menos que le cueste la vida.

Quizá le habría bastado con decir lo mismo pero hablando de Ha

– Entonces, ¿debería… no debería… no debería haberme alistado cuando estaba en Siemens?

La pregunta no iba dirigida al juez. Hablaba consigo misma, se preguntaba a sí misma, vacilante, porque todavía no se había planteado la pregunta, y dudaba de que fuera la pregunta correcta, y de cuál podía ser la respuesta.