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Con una sonrisa pidió perdón a So

Michael, cómodamente sentado y con el teléfono a su derecha, estudió a ambos hombres. Cuando Hagen entró en la habitación, So

– Bueno, vamos al grano -dijo So

– Si vamos a hacer planes -dijo Michael-, Freddie tiene que estar presente.

– Freddie no nos sirve de nada -replicó So

– Dejemos fuera a Freddie -dijo Hagen, rápidamente-. Mantengámoslo al margen de todo, absolutamente de todo. Ahora, So

– La policía vigila allí, pero los nuestros han podido visitar tranquilamente a papá. ¿Qué piensas de la lista, Tom?

Hagen enarcó las cejas.

– Por Dios, So

So

– Es una medida adecuada.

Clemenza, en cambio, guardó silencio.

– Hay un punto que está fuera de discusión -apuntó So

El gordo _caporegime_ asintió.

– ¿Qué hay de Luca? -preguntó Hagen-. A Sollozzo no pareció preocuparle mucho. Y eso me preocupa a mí. Si Luca nos ha traicionado, nos encontramos en peligro. Eso es lo primero que tenemos que averiguar. ¿Ha conseguido alguien ponerse en contacto con él?

– No -dijo So

– No -respondió Hagen-. Nunca pasa toda la noche con mujeres. Cuando ha terminado, se va a su casa. Mike, sigue marcando su número hasta que conteste.

Obedientemente, Michael marcó el número de Luca. Nadie atendió la llamada. Finalmente, colgó.

– Sigue probando cada quince minutos -ordenó Hagen.

– Bien, Tom, tú eres el _consigliere_ -dijo So

Hagen se sirvió un poco de whisky.

– Negociaremos con Sollozzo hasta que tu padre pueda ocuparse del asunto. Incluso podríamos llegar a un acuerdo, si fuese necesario. Cuando tu padre se levante de la cama, podrá dejar el asunto definitivamente zanjado, y todas las Familias le apoyarán.

– ¿Me consideras incapaz de manejar a Sollozzo? -preguntó So

– So

Al mirar a So

– ¿Y si mi padre muere? ¿Cuál sería entonces tu consejo?

– Sé que no me harías caso -contestó Hagen sin alterarse-, pero te aconsejaría llegar a un verdadero acuerdo con Sollozzo en lo de las drogas. Sin los contactos políticos y la influencia personal de tu padre, la familia Corleone pierde la mitad de su fuerza. Sin tu padre, las otras Familias de Nueva York tal vez se decidieran a apoyar a los Tattaglia y a Sollozzo, sólo para evitar una larga y destructiva guerra. Si tu padre muere, trata con Sollozzo. Luego, espera.

So

– Para ti es muy fácil decir esto. No han disparado a tu padre.

– He sido para él un buen hijo, quizá mejor que tú o Mike -replicó Hagen rápidamente, sin disimular su orgullo-. Te estoy dando mi opinión profesional. Personalmente, puedes estar seguro de que quiero matar a esos cerdos.

La emoción con que Hagen había hablado avergonzó a So

– Por Dios, Tom, no tomes a mal mis palabras -se disculpó-. No pretendía ofenderte.

So

– Esperaremos a que el viejo esté en condiciones de ponerse al frente de todo. Pero, mira Tom, quiero que permanezcas en la alameda. No quiero que te arriesgues. En cuanto a ti, Mike, mantente alerta, aunque no creo que Sollozzo intente nada contra ti. Si se atreviera a atacar a los miembros de la Familia, llevaría las de perder; todo se volvería contra él. Pero sé cuidadoso, de todos modos.

Tessio, tú ten a tus hombres en reserva; que vayan husmeando por la ciudad. Tú, Clemenza, cuando hayas arreglado lo de Paulie Gatto, lleva a tus hombres a la casa y a la alameda, para que sustituyan a los de Tessio. Oye, Tessio, mantén a tus hombres en el hospital. Tom, bien sea por teléfono, bien a través de un mensajero, empieza las negociaciones con los Tattaglia y con Sollozzo, a primera hora de mañana. Tú, Mike, hazte acompañar mañana por un par de hombres de Clemenza a casa de Luca; espera a que salga o averigua dónde diablos se ha metido. De haber oído lo de papá, es capaz de haber ido a cazar a Sollozzo. No puedo creer que haya traicionado a su Don, por mucho que Sollozzo le haya ofrecido.

– Tal vez no deberíamos mezclar a Mike ten directamente en esto -dijo Hagen a regañadientes.

– De acuerdo -respondió So

Michael permaneció en silencio. Se sintió inútil, casi avergonzado. Al ver los rostros impasibles de Clemenza y de Tessio, se dio cuenta de que ambos estaban ocultando su desprecio por él. Descolgó el auricular y marcó el número de Luca Brasi. Mantuvo el receptor pegado al oído durante un buen rato, pero nadie contestó a la llamada.