Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 27 из 141

Dicho esto, salió de la casa.

Era ya de noche y el viento de diciembre azotaba la alameda. So

Las ocho casas estaban equipadas con potentes focos, que imposibilitaban que alguien pudiera ocultarse. So

Llamó a su madre, que salió de la cocina envuelta en un agradable olor de pimientos fritos. Antes de que su madre pudiera decir nada, So

– Acabo de recibir una llamada -dijo-. Ante todo, quiero que no te preocupes. Papá está en el hospital; ha sido herido. Vístete enseguida. Dentro de poco, un coche te llevará allí. ¿De acuerdo, mamá?

Su madre lo miró fijamente durante un breve instante.

– ¿Le han disparado? -le preguntó en italiano. So

– ¿Interviene también Clemenza? -preguntó Tessio.

– De momento no quiero que intervenga su gente -respondió So

Tessio comprendió al instante.

– Perdona lo que voy a decirte, que es lo mismo que te diría tu padre: no te precipites, So

– Gracias -dijo So

– Comprendo -comentó Tessio.

– Otra cosa, Tessio. Mi hermano menor, Mike, es t estudiando en Hanover, New Hampshire. Interesa que alguien de confianza, de Boston, vaya a buscarlo. Quiero que se quede aquí hasta que haya pasado todo esto. De todos modos, antes le llamaré para avisarle. Tampoco temo nada en cuanto a mi hermano, pero toda precaución es poca.

– Muy bien -dijo Tessio-. Estaré en casa de tu padre tan pronto como haya hecho lo preciso para que se cumplan tus órdenes. Conoces a mis muchachos ¿no?

– Sí -concluyó So

Se acercó a una pequeña caja fuerte disimulada en una pared, la abrió y de su interior sacó una libreta forrada de piel. Fue pasando páginas, hasta que encontró lo que buscaba. «Ray Farreli 5000 Nochebuena», leyó. Estas palabras iban seguidas de un teléfono. So

– ¿Farreli?

El hombre que estaba al otro lado del hilo respondió afirmativamente, y So

– Soy Santino Corleone. Necesito que me haga un favor, y lo necesito rápido. Quiero que compruebe dos números de teléfono y que me pase nota de todas y cada una de las llamadas que hayan hecho y recibido durante los últimos tres meses.

Dio a Farreli el número de Paulie Gatto y el de Clemenza.

– Esto es muy importante -añadió So

Antes de ponerse a considerar cuáles debían ser sus siguientes pasos, volvió a marcar el número de Luca Brasi. l esta vez hubo respuesta. Esto no le gustó, pero decidió no preocuparse. Luca se dejaría ver en cuanto se enterara de la noticia. Luego, se apoyó en la silla giratoria. Al cabo de una hora la casa estaría llena de gente de la Familia, y él tendría que decirles a todos lo que procedía hacer. En ese momento se dio cuenta de la gravedad de la Situación. Era la primera vez en los diez últimos años que alguien se había atrevido a atacar a la familia Corleone Sin duda, Sollozzo estaba detrás del asunto, pero aquel hombre nunca se hubiera atrevido a asestar el golpe de no contar con el apoyo de al menos una de las Cinco grandes Familias de Nueva York. Y ese apoyo procedía de los Tattaglia. Si eso era cierto, sólo quedaban dos alternativas: la guerra abierta o el sometimiento a la condiciones de Sollozo. So

3

Hagen viajaba en un coche junto a otros cuatro hombres. Sollozzo estaba sentado delante. Obligaron a Tom a ocupar el asiento posterior, entre los dos que le habían sorprendido en la calle. Uno de ellos, el que estaba a su derecha, le tapaba el rostro con su propio sombrero para que no pudiera ver nada.

– No mueva ni un pelo -le advirtió.

El trayecto fue corto, de no más de veinte minutos, y cuando bajaron del coche, Hagen no reconoció el lugar donde se encontraban, pues era ya de noche.

Le condujeron a un apartamento situado en el piso bajo de una casa y le hicieron sentar en una silla de respaldo alto y recto. Sollozzo se sentó sobre una mesa. Su sombrío rostro mostraba una expresión aviesa.

No se asuste -le dijo-. Sé que no tiene usted el nervio de la Familia. Quiero que ayude a los Corleone… pero también quiero que me ayude a mí.

Las manos de Hagen temblaban mientras se ponía un cigarrillo en los labios. Uno de los hombres puso una botella. de aguardiente encima de la mesa y le sirvió

una buena dosis del fuerte licor en una taza de café de porcelana china.

El cuerpo de Hagen agradeció el trago. Sus manos dejaron de. temblar y la debilidad de sus piernas desapareció.

– Su jefe ha muerto -dijo Sollozzo.

Hizo una pausa para ver el efecto que sus palabras producían y se sorprendió al ver lágrimas en los ojos de Hagen.

– Lo cazamos cerca de su oficina, en la calle -prosiguió Sollozzo-. Tan pronto supe que el trabajo había sido realizado, me preocupé de usted. Su labor debe consistir en lograr que se firme la paz entre So