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No era de extrañar que Ha

– Y recuerdo la de tus hermanos en Exeter, bajo aquella vieja inscripción: "Venid acá, chicos, y sed esa chorrada masculina" -dijo Ha

Ruth había mostrado a su amiga esa foto de sus hermanos la primera vez que Ha

Por entonces estudiaban en Middlebury. La foto siempre estaba en el dormitorio de su padre, y Ruth entró allí con Ha

– Eddie y yo hemos recordado la fotografía hecha en la cocina, aquella en que los dos están comiendo langosta -siguió diciendo Ruth-. Thomas despedaza su langosta con la destreza y la imparcialidad de un científico, no hay el menor rastro de tensión en su cara. Timothy, en cambio, parece como si se estuviera peleando con la langosta, ¡y ésta le ganara! Creo que es la foto que recuerdo mejor. Y durante todos estos años me he preguntado si la inventé o si era real. Eddie me ha dicho que es la que él recuerda mejor, así que debe de ser real

– ¿No le has pedido a tu padre que te hable de las fotografías? -le preguntó Ha

– Estaba tan enojado con mi madre por habérselas llevado que se negaba a hablar de ellas -respondió Ruth

– Eres demasiado dura con él. A mí me parece encantador.

– Le he visto ser "encantador" demasiadas veces. Además, así se muestra siempre, encantador…, especialmente cuando está contigo

Ha

Ha

Ahora Ruth estaba francamente cansada de explicarle a Ha

– Pero ¿qué ha dicho Eddie de la relación sexual? -inquirió Ha

Ruth pensó que eso era lo único que le interesaba. Se le hacía muy cuesta arriba hablar de sexo, pues ese tema no tardaría en provocar de nuevo a Ha

– Esa fotografía que recuerdas tan bien -empezó a decir Ruth-. Mis guapos hermanos en el umbral del edificio principal de la escuela…

– Sí, ¿qué tiene de particular? -inquirió Ha

– Eddie me ha dicho que mi madre le hacía el amor bajo esa fotografía -le informó Ruth-. Fue la primera vez que lo hicieron. Mi madre dejó la foto para Eddie, pero mi padre se la quitó

– ¡Y la colgó en su dormitorio! -susurró Ha

– Desde luego, Ha

Pero Ha

A veces Ruth se preguntaba si, en el caso de que no se hubiera hecho famosa, Ha

En su fase mórbida, Ha

Ahora Ha

Ruth creía desde hacía mucho tiempo que de ella sólo interesaban sus obras literarias. La idea de que Ha

De repente Ruth pensó que, probablemente, Ha

– Debo dejarte -le susurró Ha

– No pensarás dejarme plantada en Sagaponack, ¿eh? -le dijo Ruth-. Cuento contigo para que me salves de mi padre

– Allí estaré, de algún modo me las arreglaré para ir. Pero creo que es tu padre quien necesita que le salven de ti, pobre hombre