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Como de costumbre, Eddie había adoptado una actitud de modestia durante la fiesta; pronunció un discurso ridículo en el que dio las gracias a sus viejos amigos por haber abandonado los planes más divertidos que tuvieran para aquella noche, hizo el consabido resumen del argumento de su nueva novela y después aseguró al público que no era necesario que se molestara en leer el libro, puesto que ya conocían la trama

– Y los personajes principales son bastante reconocibles… porque aparecen en mis novelas anteriores -musitó Eddie-. Sólo han envejecido un poco

Ha

(1). El juego de palabras consiste en decir "She seas a great puck" ("Ella estuvo sensacional en la cama), empleando puck (disco de hockey) en vez de fuck, "joder, hacer el amor. (N. del T.)

Ha

Pero Ha

– ¿Qué sabe una señora mayor y casada? -preguntaba a su amiga

Ruth habría sido la primera en admitir que no sabía nada. Tan sólo sabía que era feliz, y lo afortunada que era por serlo. Incluso Ha

Era una madre madura, había tenido a Graham a los treinta y siete años, y la seguridad de su hijo le preocupaba más que a las madres jóvenes. Mimaba a Graham, pero había decidido tener un solo hijo. ¿Y para qué son los hijos únicos sino para mimarlos? Idolatrar a Graham había llegado a ser lo que más sustentaba la vida de Ruth. El niño cumplió dos años antes de que su madre volviera a escribir

Ahora Graham tenía tres años y Ruth por fin había terminado su cuarta novela, aunque seguía considerándola inacabada, por la razón categórica de que aún no consideraba el libro lo bastante terminado para mostrárselo a Allan. Ruth era poco sincera, incluso consigo misma, pero no podía evitarlo. Le preocupaba la reacción de Allan a la novela, y por motivos que no tenían nada que ver con lo acabada o inacabada que estuviera la obra

Tiempo atrás había convenido con Allan que no le mostraría nada de lo que escribiera hasta tener la certeza de que el relato estaba tan acabado como fuera capaz de dejarlo. Allan siempre había instado a sus autores a que lo hicieran así, y les decía que su tarea de editor era mucho más provechosa cuando ellos creían haber hecho todo lo posible. ¿Cómo podía pedirle a un autor que diera un paso más si el autor todavía estaba avanzando?

Ruth había logrado que Allan aceptara su negativa a mostrarle enseguida la novela porque, según ella, no estaba terminada del todo, pero no se engañaba a sí misma. Ya la había reescrito tanto como le era posible. Si a veces dudaba de que pudiera releer el libro, mucho menos podía fingir que lo estaba escribiendo de nuevo. Tampoco dudaba de que fuese una buena novela, incluso creía que era la mejor que había escrito

En realidad, lo único que preocupaba a Ruth acerca de su novela más reciente, Mi último novio granuja, era el temor a que su marido se sintiera insultado por la obra. El personaje central se aproximaba demasiado a un aspecto de Ruth antes de casarse: tendía a relacionarse con el hombre que no le convenía. Por otro lado, el novio granuja del título era una combinación improbable y desagradable de Scott Saunders y Wim Jongbloed. Que ese libertino de baja estofa persuada al personaje Ruth (como sin duda lo llamaría Ha

¿Cómo no iba Allan a sentirse insultado por lo que daba a entender la nueva novela de Ruth acerca de las razones de la autora para casarse con él? Que su matrimonio con Allan le hubiera proporcionado los cuatro años más felices de su vida, cosa que Allan seguramente sabía, no mitigaba lo que, en opinión de Ruth, era el mensaje más cínico de su novela

Ruth había imaginado con bastante exactitud qué conclusiones sacaría Ha

No obstante, Ruth había escrito una novela que sin duda ofendería a muchos lectores y críticos, sobre todo a las mujeres, pero ¿qué importaba? ¡La única persona a la que ella no quería ofender de ningún modo, Allan, sería la misma persona a quien Mi último novio granuja ofendería más!

Ruth se dijo que la fiesta por la publicación del libro de Eddie era la mejor ocasión para confesarle sus temores a Allan. Incluso había llegado a convencerse de que tendría el valor de contarle lo que le había sucedido en Amsterdam. Tan inexpugnable creía que era su matrimonio

– No quiero cenar con Ha

– ¿Es que no cenamos con Eddie O'Hare? -inquirió Allan.

– No, ni siquiera con Eddie, aunque nos lo pida -replicó Ruth-. Quiero cenar contigo, Allan, sólo contigo

Desde el local donde se celebraba la fiesta, tomaron un taxi que les llevó al norte de la ciudad, al restaurante donde Allan, siempre tan considerado, la había dejado a ella a solas con Eddie O'Hare, aquella noche que parecía tan lejana, tras su lectura en la YMHA de la Calle 92 y la interminable presentación de Eddie

No había ningún motivo para que Allan no bebiera copiosamente. Ya habían hecho el amor y ninguno de ellos tenía que conducir. Pero Ruth rogó en silencio para que su marido no se emborrachara. No quería que estuviera bebido cuando le hablara de Amsterdam