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De manera que había perdido el trabajo, además de la esposa, la casa y la razón de vivir. «No son sólo los sonidos dentales los que se me tuercen -prosiguió Mimi-. Los jodidos oclusivos me ponen a parir. No hago más que pensar que otra vez voy a esparcir toda la osamenta por la calle. Los años, Chamcha, no traen más que humillaciones. Vienes al mundo, te sacuden llenándote de cardenales y luego la cascas y te meten en una urna. De todos modos, aunque no vuelva a trabajar, no ha de faltarme nada hasta el día en que me muera. ¿Sabías que ahora ando con Billy Battuta? Claro, ¿cómo ibas a saberlo si estabas nadando? Pues sí, cuando me cansé de esperarte, me ligué a un jovencito paisano tuyo. Puedes considerarlo un cumplido. Bueno, tengo prisa. Encantada de hablar con los muertos, Chamcha. Otra vez tírate de la palanca de abajo. Hasta luego.»
Por naturaleza, yo soy hombre introvertido, dijo él silenciosamente al teléfono desconectado. A mi manera, yo he procurado buscar la elevación espiritual y, modestamente, adquirir una cierta elegancia. En los días buenos, me parecía que la había conseguido, que la tenía en mi interior, aunque no sabía dónde. Pero se me escapaba. Yo me he enredado en las cosas materiales, en el mundo y sus estropicios, y no puedo rehuirlos. Lo grotesco se ha apoderado de mí como antes me dominaba lo cotidiano. El mar me arrojó; la tierra me arrastra.
Chamcha resbalaba por una pendiente gris, y el agua negra le azotaba el corazón. ¿Por qué el renacimiento, la segunda oportunidad que les había sido otorgada a Gibreel Farishta y a él, en su caso parecía un final perpetuo? Él había vuelto a nacer al conocimiento de la muerte; y lo inescapable del cambio, las cosas-que-no-volverán, el sin-retorno, le asustaba. Cuando pierdes el pasado, te quedas desnudo delante del despectivo Azraeel, el ángel de la muerte. Resiste, si puedes, se decía. Aférrate al ayer. Deja las marcas de las uñas en la pendiente gris mientras resbalas.
Billy Battuta: aquel mierda indecente. Playboy pakistaní que convirtió una de tantas agencias de viajes -Battuta's Travels- en una flota de superpetroleros. En el fondo, un gángster, famoso por sus idilios con estrellas de la pantalla hindi y, según las malas lenguas, por su debilidad por las mujeres blancas de enorme delantera y anca generosa, a las que «trataba de mala manera», dicho sea eufemísticamente, y «recompensaba con largueza». ¿Qué buscaba Mimi en Billy el malo, su instrumento sexual y su Maserati Biturbo? Para los chicos como Battuta, las mujeres blancas -aunque sean gordas, judías y mandonas- eran para follar y tirar. Lo que uno odia en los blancos -la afición a la piel canela- tienes que odiarlo también cuando se da a la inversa, en los negros. La intolerancia no es sólo función de poder.
Mimi llamó por teléfono a la noche siguiente desde Nueva York. Anahita lo llamó con su mejor acento de maldito yankee y Chamcha, trabajosamente, se puso el disfraz. Cuando llegó al aparato, Mimi había colgado, pero volvió a llamar. «No paga una la tarifa transatlántica para quedarse esperando.» «Mimi -dijo él con desesperación patente en la voz-, no me dijiste que te ibas.» «Y tú ni siquiera me diste tu dirección. Así pues, cada cual tiene su secreto.» Él quería decir: Mimi, vuelve a casa, vas a recibir muchos palos. «Le he presentado a la familia -dijo ella en tono excesivamente festivo-. Imagina, algo así como Yassir Arafat saluda a los Begin Pero no importa. Todos viviremos.» Él quería decir: Mimi, tú eres todo lo que tengo. Pero sólo conseguiría irritarla. «Quería prevenirte contra Billy», fue lo que le dijo.
Ella respondió con frialdad: «Chamcha, escucha. Un día hablaremos de esto, porque, a pesar de todas tus majaderías, me aprecias. De manera que hazme el favor de tener en cuenta que yo soy una mujer inteligente. He leído Fi
«Entonces reconoces que él te explota», interpuso Chamcha, pero el torrente lo arrastró. «¿Y puedes tú decirme cuál es la puñetera diferencia? -gorjeó ella con su voz de "Tartaletas Tuti"-. Billy es un chico divertido, con un talento natural para el arte del timo, uno de los grandes. ¿Quién sabe cuánto ha de durar esto? Voy a decirte algunas de las ideas de las que no quiero saber nada: patriotismo, Dios y amor. Ni puñetera falta para el viaje. Billy me gusta porque se las sabe todas.»
«Mimi -dijo él-, me ha ocurrido algo»), pero ella seguía enfrascada en sus protestas y no le oyó. Él colgó sin darle la dirección.
Ella volvió a llamarle semanas después, y para aquel entonces ya se habían fijado implícitamente las condiciones: ella no preguntó ni él dio sus señas, y era evidente para los dos que una etapa había terminado, que sus caminos se habían separado, que había llegado el momento de decir adiós. Mimi seguía entusiasmada con Billy: él tenía planes para hacer películas hindi en Inglaterra y América, importando a estrellas como Vinod Kha