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La siguiente muerta fue Lucy A
Según Erica, en ningún momento nadie las molestó ni fueron seguidas por persona alguna. Mientras rodeaban la plaza un turista norteamericano les dijo: chicas, tienen que ver la pérgola, es grandiosa. Después el turista se perdió en la espesura y ellas decidieron que no era una mala idea caminar un rato.
La noche era radiante, fresca, llena de estrellas. Mientras Erica buscaba un sitio para estacionar, Lucy A
El alumbrado, comprobó Erica, era débil, sólo el suficiente para no andar a ciegas, pero la presencia de tantas personas desposeía al lugar de cualquier hálito siniestro. No encontró a Lucy A
Se acercó y les preguntó por su amiga. El turista norteamericano la miró como si se hubiera escapado de un manicomio. Todos estaban borrachos, pero Erica sabía cómo tratar a los borrachos y les explicó la situación. Eran muy jóvenes y no tenían nada mejor que hacer, así que decidieron ayudarla. Al cabo de un rato por la plaza resonaron varios gritos llamando a Lucy A
Eso haré, Erica, mantén la calma, dijo Rory, y luego colgó. Durante una hora, picoteando su sándwich vegetal, permaneció sentada, hasta que vio movimiento en la puerta del consulado.
La atendió un tipo que decía llamarse Kurt A. Banks, que le hizo toda clase de preguntas acerca de su amiga y de ella misma, como si no creyera para nada la versión que Erica le había dado. Sólo al salir de allí Erica comprendió que el tipo sospechaba que tanto Lucy A
Ninguno de los hospitales que visitó, por otra parte, tenía registrada a una norteamericana. En el último una enfermera le sugirió que fuera a la clínica América, una institución médica privada, pero ella contestó con una exclamación sardónica. Somos trabajadoras, cariño, dijo en inglés. Igual que yo, dijo la enfermera en el mismo idioma. Durante un rato ambas estuvieron hablando y luego la enfermera la invitó a tomar un café en el restaurante del hospital, en donde le informó de que en Santa Teresa desaparecían muchas mujeres. Lo mismo ocurre en mi país, dijo Erica. La enfermera la miró a los ojos y movió la cabeza. Aquí es peor, dijo. Al despedirse se dieron sus números de teléfono y Erica prometió que la tendría al corriente de las novedades que se produjeran. Comió en la terraza de un restaurante del centro y en dos ocasiones creyó ver que Lucy A