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Por suerte la tristeza la despierta pues fue todo una pesadilla, y volviendo de cada uno de esos viajes se preguntan qué era lo que más les gustó, y les basta con sonreír calladamente porque ya saben que lo más lindo fue la estrella cometa, y reflexionan y se ríen porque no están diciendo la verdad, era que se habían olvidado de que, más lindo de todo, era cuando los dos soñaron con desgracias pero se despertaron y no estaban separados sino juntos, y se rieron de la pesadilla, qué cosas de hacer, perdidos en constelaciones, como si fueran dos chicos que se ríen de cualquier cosa, y ni siquiera saben los nombres de las constelaciones, y no tiene necesidad Carla de buscarle el nombre a las constelaciones porque ¿qué le importa, si está con él, saber tan poco de Astrología?
Bien, pasan los meses, los dos enamorados no vuelven a Viena sino que recorren las capitales de toda Europa, dando recitales, de éxito en éxito, hasta que tanto les exigen que vuelvan a Viena que se animan a afrontar la ciudad del primer encuentro. El éxito es atronador y mientras Carla va a su camarín a cambiarse de vestido para la escena final, y a todo esto Joha
Es una muchacha frágil y buena, que sólo quiere el bien de Joha
Carla al principio se muestra dura y altanera, pero poco a poco se da cuenta de la verdad que encierran las palabras de Poldi. El traspunte golpea a la puerta, como un símbolo de que su carrera la llama y se despide de Poldi respetuosamente, para volver al escenario. Es un delirio el éxito del músico y la cantante, en la primer opereta escrita por Joha
Es así, se auiere locamente o no se quiere, y él se da cuenta en ese muelle apenas alumbrado por antorchas de sebo sucio que nunca logró que ella lo quisiera con locura, querer con locura quiere decir perder la cabeza y hacer cualquier cosa con tal de estar junto a la persona amada. Las antorchas se reflejan en las aguas del río, éstas corren negras, cargadas de limo, llevando al barco que se aleja lentamente: Joha
Buscando sosiego a su desesperación se pone a trabajar más que nunca y compone sus mejores valses, pero esto de nada le sirve. En su búsqueda tan afanosa como inútil un día, en su casa de Viena, se pone a pensar en la casa natal, en la aldea, en todos sus primeros años, su habitación con el techo de hierbas trenzadas, con sus juguetes de niño, qué hermosa habitación, una especie de altillo, con un cubrecama de colores alegres, y el silencio de la aldea.
De repente Joha
Son las cuatro de la tarde, es otoño, y por lo tanto se trata de la última hora de luz, la naturaleza parece detenida, si un pichoncito se moviera en una de las plantas vecinas Joha
¿Quiénes han aprovechado para introducirse subrepticiamente? Ha entrado el dueño déspota y despreciativo de aquel local que sólo tocaba gavotas, entra su madre, su madre santa, pero está toda desgreñada, en los últimos tiempos Joha
Pasaron los años, muchos, muchos años, y el gobierno ha invitado al anciano y glorioso compositor de valses a un festejo en palacio. Una pareja de viejitos entra en la sala del trono, son Joha
Agradece a Joha