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Capítulo 35
Cuando Qui
Los paramédicos habían tardado casi dos horas en transportar a Nick, Lance Booker y Ashley desde la quebrada hasta el rancho de los Parker, donde esperaban las ambulancias. Un médico le vendó la pierna a Miranda mientras esperaba en un refugio provisional. Le fijaron un entablillado y la subieron lentamente por la montaña después de los otros.
Miranda había querido volver enseguida a casa, pero Qui
Aunque David Larsen había muerto, lo único en que Qui
Bill y Gray esperaban en el bar. Bill se apresuró a ir hacia su hija en cuanto ésta entró cojeando con la ayuda de Qui
– Randy -dijo, con la voz ahogada por la emoción.
– Estoy bien.
Estaba mejor que bien. Miranda era una superviviente nata. Era algo que Qui
Esperaba que ahora creyera en sí misma. Nada de dudas sobre su persona, nada de «qué pasaría si». Se había convertido en una mujer que, Qui
– Sentaos -dijo Bill, y arrimó un par de sillas.
Se hundieron en sus asientos mientras él les preparaba un whisky doble de su mejor botella.
– Espera un momento, si tomas analgésicos, no puedes beber -dijo, reteniendo el vaso de Miranda.
– Dámelo, papá -dijo ella, estirando la mano-. No me he tomado las píldoras. Sabes que detesto los fármacos.
Él le pasó el vaso y se sentó a su lado.
– Todo ha acabado. Estás a salvo.
Qui
La mayoría de las personas jamás vivían la experiencia traumática de enfrentarse a un asesino en serie. Y menos aún dos veces.
Qui
– No puedo creer que el hermano de Delilah Parker… Y el pobre de Ryan, enterarse de esa manera -dijo Bill, sacudiendo la cabeza.
Miranda habló por primera vez.
– Ryan es valiente. No sé por qué Larsen no lo mató. Tiene que haber intuido que Ryan lo sabía.
– Por lo que sé de los asesinos en serie -dijo Qui
– ¡Valores! -dijo Bill, indignado.
– Quizá «reglas» sea una palabra más adecuada -explicó Qui
– Theron -murmuró Miranda.
Qui
– Perdón, ¿has dicho Theron?
Ella asintió con un gesto de la cabeza.
– Al morir, dijo «Theron». No entendí lo que significaba.
– Podría ser uno de sus pájaros. -Qui
– Pero ¿por qué no se marchó, sencillamente? ¿Por qué no desapareció?
– Tenía que acabar lo que había comenzado.
– Le he dejado a Richard un par de habitaciones -dijo Bill-. Él y Ryan se quedarán unos días. Richard está preocupado por Delilah. Cree que Larsen la ha matado.
– Es posible -dijo Qui
Había una hora en las andanzas de Larsen todavía por explicar, el tiempo que Ryan había tardado en llegar a la hostería a caballo.
Por las pruebas halladas en el rancho de Parker, Larsen había entrado en la casa en algún momento, pero Qui
¿Había vuelto Delilah Parker durante el breve rato que Qui
O quizá Delilah temía que su hermano fuera a por ella y se había escondido. Entonces volvería al día siguiente, cuando se enterara de su muerte.
O puede que huyera porque se sentía culpable. Porque conocía las andanzas de su hermano y no había hecho nada para impedirlo.
Qui
Nick seguía inconsciente. Tenía una herida grave en la cabeza y una infección que deberían tratar. Qui
Por lo visto, JoBeth Anderson se recuperaría. Y los padres de Ashley se habían trasladado desde San Diego. A la joven le darían el alta hospitalaria en un par de días, y ya había decidido volver a California.
– ¿Qué pasó con Sam Harris? -preguntó Miranda, disimulando un bostezo.
Qui
– Acabó volviendo a la oficina del sheriff y el telefonista le comunicó que lo habían relevado de sus funciones. Salió de la comisaría, al parecer, bastante furioso. Mañana me encargaré de él.
En realidad, no sabía qué haría con Harris. Había puesto en peligro toda la investigación y nada le gustaría más a Qui
Por ejemplo, ¿dónde estaba Delilah Parker? ¿Estaba viva o muerta?
Miranda bostezó, y Bill le dijo a Qui
– Cuida de ella, Peterson -dijo el viejo. Qui
Bill abrazó a su hija.
– Te quiero, Randy -murmuró en su oído, con la voz enronquecida por las lágrimas.
– Yo también te quiero, papá.
A Miranda no le agradaba que se ocuparan demasiado de ella, y Qui
A pesar de todo, eso sí, era muy tierno.
– Qui
– No quiero hacerte daño en la pierna.
– No me harás daño. Por favor -pidió, y le tendió la mano. Él la cogió.
Qui
Y amor.
En sus ojos asomaron unas lágrimas, pero no de dolor ni de tristeza.
Por primera vez desde que el Carnicero había cambiado el curso de su vida, se sentía verdadera y maravillosamente viva.
Quería compartirlo todo con Qui
Él se inclinó y le acarició la mejilla. Ella apoyó toda la cara en su mano, suspiró y cerró los ojos.
– Te quiero Miranda.
Ella abrió los ojos. Lo vio a él buscando su respuesta. Había sido incapaz de decirlo antes. No porque no sintiera algo profundo por él sino porque tenía miedo. No soportaba la idea de volver a perderlo, y no sabía qué haría para vencer su resentimiento y su sensación de traición.
Sin embargo, junto con la confusión, había desaparecido el miedo. El pasado era precisamente eso, pasado.
– Yo también te quiero -dijo con voz temblorosa-. Qui
– Lamento haberte hecho daño -dijo él, y unas lágrimas brillaron en sus ojos-. Pero nunca dudé de ti. Espero que me creas.
– Te creo. Yo también te herí. Dije cosas crueles de las que me arrepiento -dijo Miranda, y guardó silencio. Le costaba tanto abrir su corazón, incluso a Qui
Miranda respiró hondo y pidió lo que quería, lo que necesitaba. A él.
– ¿Podemos recuperar lo que teníamos?
El se inclinó hacia delante y la besó ligeramente.
– Randy, no podemos volver atrás. No somos los mismos. Pero… -dijo, y volvió a besarla-, podemos seguir adelante.
Una esperanza renació en el corazón de Miranda. Pero tenía que oírlo. Con toda exactitud.
– ¿Qué quieres decir? ¿Qué deseas tú?
– Te necesito a ti. Te quiero a ti. Mi vida ha estado vacía sin ti. Jamás me he enamorado de nadie más que de ti, y te he llevado siempre en mi corazón. Debería haber vuelto antes, pero me perdió mi propia testarudez.- Qui
– Estaba seguro de que, después de un tiempo, llamarías -dijo-. Que quizá me gritarías pero que, al final, dirías que me querías y preguntarías cuándo iría a verte.
– Y bien, creo que si algo queda claro es que somos dos personas muy testarudas.
Él le apretó suavemente la mano y la sostuvo contra su pecho.
– Randy, eres increíble. Has sido capaz de vencer a tus demonios mediante la pura voluntad. Cada vez que te observaba, pensaba que no encontrarías la fuerza interior, que te dejarías vencer por tus dudas. No podía estar siempre repitiéndote que eras valiente y aguerrida. Tenías que demostrártelo a ti misma.