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Capítulo 21
Sentado en un rincón de la Oficina de Administración y Registro de la Propiedad, una planta por encima de los despachos del juzgado, Nick estaba enfrascado en la revisión de casi un millar de mapas de las parcelas de la región del condado donde cazaba el Carnicero.
Le había dicho a Qui
Podría haber asignado aquella tediosa tarea a un agente, pero después del artículo de Banks donde se cuestionaba su competencia y después del desastre de la conferencia de prensa, era preferible no hacerse notar demasiado.
No podía creer que Qui
Nick se mostraba muy crítico con todas las decisiones que había tomado en los últimos tres años. Aquello no le servía de nada. Sin embargo, la noche anterior, había elaborado un inventario de los grandes giros de la investigación sobre el Carnicero desde que él era sheriff. No habría modificado ninguna de sus actuaciones. Todas las pistas investigadas eran lógicas y seguían el rastro de los pocos indicios que tenían. Sin embargo, todas las pistas conducían a un callejón sin salida y, en ese momento, él no veía cambios.
Se alegraba de haber llamado a Qui
Nick no podía evitar sentirse como un poli de provincias, como un palurdo, junto al elegante agente de la gran ciudad.
Y luego estaba Miranda.
Había ido a la hostería la noche anterior sólo para confirmar lo que ya sospechaba. Que Qui
Le dolía porque la amaba, pero ya lo superaría. Lo único que de verdad quería era su felicidad y su tranquilidad. Si Qui
Tenía que concentrarse en algo útil, algo que marcara un punto de inflexión en la investigación. Estaba harto de aparecer en la prensa como un tonto. De cuestionar sus propias decisiones, no sólo las tomadas desde que lo habían elegido sheriff sino desde que era policía.
Sabía que era un buen poli. Sin embargo, los crímenes horripilantes del Carnicero superaban todos los límites de su experiencia.
Había mirado los registros de las propiedades en el pasado, pero sólo para averiguar quién eran los actuales dueños. Las siete víctimas, incluida Rebecca, habían sido encontradas en tierras que pertenecían a diferentes personas. A tres las localizaron en tierras de propiedad federal. ¿Cuál sería la situación diez años antes? ¿Veinte años antes? ¿Había algún denominador común en los territorios de caza del Carnicero?
Nick llevaba consigo el mapa que él mismo había configurado y ahora se propuso dibujar una trama de los registros de propiedad. Buscó personalmente el historial de cada parcela porque no se fiaba de que los funcionarios de la oficina del Registro guardaran el secreto de sus pesquisas.
Y si aquello no arrojaba resultados, no quería volver a ver titulares redactados por Eli Banks aludiendo a uno más de sus fracasos.
Qui
Se encontraron en la oficina central de la Unidad de Búsqueda después de la hora de cenar. No habían cenado y Qui
Pero ella le dijo que la esperaba su padre con alguna cosa que le habría preparado. Los dos pensaban ir a la universidad a primera hora de la mañana, y Qui
Intentó hablar con Nick, pero no lo encontró ni en su teléfono móvil ni en el busca. Aquello no le extrañó. Al hablar con él por la tarde, Nick parecía seco e irritado. Aunque la presión de los medios de comunicación era intensa, Qui
La prioridad era encontrar a Ashley van Auden.
Qui
Aquello no llevaba a ninguna parte. Pero en ese momento de la coyuntura, a menos que Olivia encontrara algo en las pruebas que mostrara otra alternativa, carecía de ideas.
No podía contar con que JoBeth Anderson saliera del coma. Y si se recuperaba, quizá no fuera capaz de describir a su agresor. Qui
Aún así, esperaba que se recuperara del todo y pudiera darles información útil para localizar a un sospechoso. Antes de que muriera Ashley van Auden.
Le lanzó una mirada a Miranda al girar y seguir por el largo camino pavimentado que llevaba a la hostería.
– ¿Estás bien?
– Han pasado veinticuatro horas desde que ha cogido a Ashley. Me siento como si estuviéramos en una cuenta atrás. El tiempo corre en contra nuestro. No podemos cubrir todos los puntos del mapa.
A él no le gustaba oír ese tono de derrota en su voz.
– Miranda, no hables así. No empieces a imaginarte lo peor.
– Cuesta no imaginárselo, Qui
Qui
Él la tocó. Miranda estaba rígida.
– Miranda, quisiera que pudieras librarte de esas imágenes y sentimientos. Haría cualquier cosa por borrar el dolor de tu corazón. Lo sabes, ¿no?
Ella lo miró. La luz artificial se reflejó en sus ojos, dándoles un aire insondable. Qui
Alargó la mano y le tocó la mejilla.
– Nunca he dejado de amarte.
Miranda se quedó con los ojos clavados en él, sintiendo que se le aceleraba el corazón. Sus palabras parecían sinceras. Ella no sabía qué pensar. Su lado racional le decía que lo perdonara, que en muchos sentidos tenía razón al haber actuado como lo hizo. Por otro lado, en el fondo de su corazón, sentía que él nunca había confiado de verdad en ella, que su fe en ella era frágil.
– Qui
Él parpadeó, y una expresión de dolor le transformó el semblante. Ella no quería herirlo, pero tampoco sabía qué hacer.
Qui
Ahora no podían volver atrás. Ella era una persona diferente de lo que había sido diez años antes, cuando era una joven e ingenua aspirante al FBI.
Su leve caricia la sacudió con un estremecimiento eléctrico que no había experimentado en mucho, mucho tiempo. Era como si Qui
Se lo quedó mirando, deseando con toda el alma compartir sus sentimientos, que la abrazara, que hicieran el amor. Lenta y tiernamente, como la primera vez.
Volvió sus labios hacia las manos de Qui
Tenía que pensar en esos sentimientos. Pensar en las repercusiones. ¿Podía confiar en él? ¿Confiaba él en ella?
Le dolía no tener una respuesta a esas preguntas.
– Buenas noches -murmuró, y bajó rápidamente del coche antes de que cambiara de opinión.
Oyó que la puerta de Qui
– Te acompañaré hasta tu cabaña -dijo.
Ella sacudió la cabeza.
– Papá me está esperando -dijo, señalando las luces de la hostería con un gesto de la cabeza.
Siguió caminando en el aire fresco de la noche y cruzó los pocos metros que la separaban de la puerta trasera. Sintió la mirada de Qui
Y ¿qué pasaría si él se aprovechaba de su vulnerabilidad emocional? ¿Si la relevaba de la búsqueda, o del caso? Mientras lo pensaba, se dio cuenta de que Qui
Ella sí tenía dudas. Llevaba diez años convencida de que Qui