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Estaba todavía tan irritada con Ha
Aunque tenía un año menos que Ruth, Ha
Ruth tenía dieciséis años y Ha
Los padres de Ha
A Ruth siempre le había gustado la madre de Ha
Mientras que Ruth consideraba afortunada a su amiga por tener un padre que era fiel a su esposa, Ha
El profesor Grant había recomendado a su hija que estudiara idiomas, y su mayor esperanza era que Ha
También su padre era muy desdeñoso con los periodistas. Ha
Cuando Ha
– Si vas a ser escritora, necesitas algo sobre lo que escribir -razonó
Pero Ruth ya sabía que las cosas no eran así, o por lo menos no lo eran en su caso. Para escribir sólo necesitaba tiempo, y aquello sobre lo que iba a escribir aguardaba en su imaginación. No obstante, pospuso la matrícula en la Universidad de Iowa. Al fin y al cabo, su padre podía permitírselo, y sin duda un año en Europa con Ha
– Además -le dijo Ha
No sucedió en Londres, la primera ciudad de su gira, aunque allí un chico la toqueteó en el bar del hotel Royal Court. Lo había conocido en la National Portrait Gallery, adonde Ruth acudió para ver los retratos de varios de sus pintores predilectos. El joven la llevó al teatro y a un caro restaurante italiano cerca de Sloane Square. Era un norteamericano que vivía en Londres cuyo padre tenía cierto cargo diplomático, y el primero, entre todos los chicos con los que había salido, que tenía tarjetas de crédito, si bien ella sospechaba que pertenecían a su padre. En vez de follar, se emborracharon en el bar del Royal Court, porque Ha
La segunda ciudad en su gira europea fue Estocolmo. Contrariamente a lo que había predicho Ha
El joven que le tocó en suerte a Ruth condujo a los cuatro a casa de sus padres, que estaba a tres cuartos de hora de Estocolmo por carretera. Los padres pasaban fuera el fin de semana
Era una casa moderna, con mucha madera de tono claro. El acompañante de Ruth, que se llamaba Per, hirvió salmón con eneldo y lo comieron con patatas y una ensalada de berros, huevo duro y cebollinos. Ha
No era la primera vez que Ruth acertaba a oír los ruidos de Ha
– No sabes cómo me alegro de que tu amiga se lo esté pasando tan bien -le dijo Per más de una vez
– Ha
Ruth deseaba que hubiera más platos que lavar, pero era consciente de que ya había retrasado en exceso el momento de la verdad
– Soy virgen -dijo finalmente
– ¿Quieres seguir siéndolo? -le preguntó Per.
– No, pero estoy muy nerviosa -le advirtió ella
También le dio al muchacho un preservativo antes de que él hubiera empezado a desvestirse. Los tres embarazos de Ha
Pero cuando Ruth le dio el preservativo, el joven sueco pareció sorprendido
– ¿De veras eres virgen? Nunca he estado con una virgen. Ruth se dio cuenta de que Per estaba casi tan nervioso como ella. También había ingerido demasiada cerveza, cosa que él comentó en pleno coito
– ól -le dijo al oído, y Ruth lo tomó por el anuncio de que se estaba corriendo
Por el contrario, el muchacho le pedía disculpas porque tardaba tanto en eyacular. (ól significa cerveza en sueco.)
Pero Ruth no había tenido ninguna experiencia que le permitiera hacer una comparación. El acto no le pareció ni muy largo ni muy corto. Su principal motivación era superar la experiencia, "haberlo hecho" por fin. No sentía nada
Así pues, Ruth supuso que en Suecia eso era propio de la etiqueta sexual y dijo también "ol", aunque no se estaba corriendo
Cuando Per se retiró de ella, pareció decepcionado al ver la escasa cantidad de sangre. Esperaba que una virgen sangrara mucho. Ruth supuso que eso significaba que la experiencia había sido inferior a sus expectativas
Desde luego, fue inferior a las de Ruth. Menos diversión, menos pasión, incluso menos dolor de lo que había esperado. Todo había sido menos. Resultaba difícil imaginar el motivo de los vehementes grititos de Ha
Pero lo que Ruth Cole aprendió de su primera experiencia sexual en Suecia fue que las consecuencias del sexo suelen ser más memorables que el mismo acto. Para Ha
Por la mañana, cuando los padres de Per regresaron a casa, mucho antes de lo previsto, Ruth se hallaba sola y desnuda en la cama del matrimonio. Per se estaba duchando cuando la madre entró en la habitación y se puso a hablar en sueco con Ruth
Aparte de que no entendía a la mujer, Ruth no encontraba sus ropas, y tampoco Per podía oír el tono cada vez más alto de su madre por encima del sonido de la ducha
Entonces el padre del muchacho entró en el dormitorio. A pesar de la decepción de Per por lo poco que Ruth había sangrado, ella vio que había manchado la toalla extendida sobre la cama. (Previamente había tomado todas las precauciones posibles para no manchar las sábanas.) Ahora, mientras procuraba cubrirse a toda prisa con la toalla manchada de sangre, era consciente de que los padres de Per habían visto no sólo su desnudez sino también su sangre