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– ¿Y viceversa? -inquirió Ha
– Bueno… -(Decir "bueno" era un hábito que Ruth había tomado de su padre.)-. Eso depende de ti
Que Ruth supiera, Ha
Ruth consultó su reloj. Eddie estaba hablando todavía de su primera novela. Había otras dos por delante, de modo que podrían pasarse allí toda la noche. Así pensaba mientras veía que Eddie volvía a llevarse a los labios su vaso de agua. Se dijo que si estaba resfriado, ella iba a contagiarse
Se preguntó si debería atraer la atención de Eddie, pero en vez de hacer eso miró al tramoyista, quien le estaba devorando los pechos con los ojos. Si Ruth tuviera que señalar una estupidez propia de casi todos los hombres, era que no parecían saber que una mujer se daba perfecta cuenta cuando un hombre le miraba fijamente los senos
– Yo no diría que eso es lo que más me molesta de los hombres -le había dicho Ha
No obstante, cuando estaban juntas, los hombres solían mirar primero a Ha
– Es sólo mi manera de vestir, llevo una ropa más atractiva -le había dicho Ha
– Basta con que se fijen en mis tetas -replicó Ruth
Tal vez se llevaban tan bien como compañeras de habitación, y habían viajado juntas en numerosas ocasiones -lo cual plantea incluso más problemas que ser compañeras de habitación-, porque no querían, o mejor dicho, no podían, vestir de la misma manera
Haberse criado sin madre no era la causa de que Ruth Cole prefiriese vestir prendas de estilo masculino. De niña cuidó de ella Conchita Gómez, quien la vestía de la manera más convencional y la envió a Exeter con un baúl lleno de faldas y vestiditos que Ruth detestaba
Le gustaban los tejanos, o los pantalones que se ciñen tan cómodamente como los tejanos. Le gustaban las camisetas de media manga y las camisas de vestir masculinas. Entre sus preferencias no figuraban los jerseis con cuello de cisne, porque era baja y tenía poco cuello, ni tampoco los suéteres demasiado abultados porque le hacían parecer gruesa, pero no era gruesa ni podía decirse que fuera guapa. En cualquier caso, Ruth había puesto a prueba el código indumentario de Exeter y se había decantado por el estilo masculino que, desde entonces, la caracterizaba
Ahora, por supuesto, sus chaquetas, aunque fuesen masculinas, estaban hechas a medida y se ajustaban a su figura. En las grandes ocasiones, Ruth se ponía un esmoquin femenino, también adaptado a su talle. En su guardarropa no faltaba el tradicional vestido negro, pero Ruth, salvo en los días más calurosos del verano, nunca se ponía un vestido. El sustituto más frecuente del vestido era un traje pantalón azul marino listado, que solía ponerse para ir a cócteles y restaurantes lujosos. También era su uniforme para asistir a los funerales
Ruth gastaba en ropa una considerable cantidad de dinero, pero siempre eran prendas de la misma clase. Gastaba todavía más en zapatos. Puesto que le gustaba un tacón bajo y sólido, que diera a sus tobillos casi tanta seguridad como cuando se calzaba las zapatillas de squash, también sus zapatos tendían a parecerse
Ruth permitía a Ha
– ¡Cielos, no es fácil encontrar tu puñetera talla! -se quejaba Ha
Ruth se consideraba demasiado mayor para operarse del pecho, pero de adolescente le había rogado a su padre que se lo permitiera. No era sólo el tamaño, sino el peso de los pechos lo que le molestaba. Le desesperaban sus pezones (y las aréolas que los rodeaban), demasiado bajos y grandes. Su padre se mostró del todo en contra de la intervención y dijo que era absurdo que "mutilara la buena figura que Dios le había dado". (Los senos nunca eran demasiado grandes para Ted Cole.) "¡Ah, papá, papá, papá!", se dijo Ruth, enojada, mientras la mirada del obseso tramoyista seguía fija en sus senos
Tuvo la sensación de que Eddie O'Hare la estaba alabando en exceso. Dijo algo sobre su tan conocida afirmación de que no utilizaba elementos autobiográficos en sus obras. Pero Eddie seguía atascado en la primera novela de Ruth Cole. ¡Aquélla era la presentación más larga de una obra literaria que se había hecho jamás! Cuando le tocara el turno, el público estaría profundamente dormido
Ha
– ¿Acaso yo no soy autobiográfica? -le preguntó Ha
– Puede que tome prestadas cosas de tus experiencias, Ha
– Me inventas una y otra vez -arguyó Ha
Ruth detestaba el uso que su amiga hacía de la palabra "nena"
Ha
En las novelas de Ruth solía aparecer una mujer aventurera, "el personaje Ha
La audacia de Ha
En la segunda novela de Ruth, Antes de la caída de Saigón (1985), los personajes de Ruth y Ha
– ¿Cómo te atreves a llamarla "el personaje Ha
Pero Ha
En la novela, la mujer que no puede quedarse embarazada (el personaje Ha
El hecho de que Ha
Naturalmente, en la novela, el personaje de Ruth desprecia al novio de su compañera de habitación y está traumatizada por su único encuentro sexual. Por otro lado, el muchacho se enamora de la compañera de habitación de su novia y se niega a divorciarse de ella una vez finalizada la guerra de Vietnam