Страница 5 из 53
– Información privilegiada.
– Allanaste su apartamento y robaste su libreta negra -dijo Morelli, con expresión de sentirse ofendido.
– No la robé. La copié.
– No quiero saberlo. -Echó un vistazo a mi bolso-. No llevas un arma oculta, ¿verdad?
– ¿Quién, yo?
– Mierda. Tengo que estar loco para trabajar contigo.
– ¡Fue idea tuya!
– ¿Quieres que te ayude con la lista?
– No -respondí. Habría sido como regalar un billete de lotería a un vecino y que ganara el gordo.
Morelli se detuvo detrás de mi jeep.
– Tengo que decirte algo antes de que te vayas.
– ¿Sí?
– Odio esos zapatos que llevas.
– ¿Algo más?
– Siento lo de tu llanta anoche.
Seguro que lo sentía.
A las cinco de la tarde tenía frío y estaba empapada, pero había terminado con la lista. Había combinado llamadas telefónicas con interrogatorios personales, y había sacado muy poco en claro. La mayoría era gente del barrio y conocía a Ke
Como último esfuerzo del día había decidido registrar de nuevo el apartamento de Ke
Ke
Aparqué en un espacio libre y entrecerré los ojos para ver la entrada iluminada a través de la oscuridad y la lluvia. Esperé un momento, mientras una pareja bajaba de un salto de su coche y entraba corriendo en el edificio. Saqué del bolso de cuero negro las llaves de Ke
Crucé el vestíbulo con la cabeza gacha y todavía tapada con la capucha. Tuve suerte: el ascensor estaba vacío. Subí al segundo piso y recorrí apresuradamente el pasillo hasta el número 302. Agucé el oído. Nada. Llamé a la puerta. Volví a llamar. Nada. Metí la llave en la cerradura y, tratando de dominar los nervios, entré rápidamente y encendí las luces de inmediato. El apartamento parecía vacío. Eché un vistazo a todas la habitaciones y decidí que Ke
Antes de abandonar el apartamento, apliqué el oído a la puerta. Silencio. Apagué las luces, respiré hondo y salí. Resoplé, aliviada de haber terminado y de que nadie me hubiese visto.
Al llegar al vestíbulo me dirigí directamente hacia los buzones y examiné el de Ke
Tomé aire, metí la llave en la diminuta cerradura, abrí el buzón, cogí el correo y lo guardé en mi bolso negro. Cerré la pequeña puerta y me marché. Estaba sudando, quería llegar a mi coche antes de recuperar la cordura.