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– Vaya -dijo Vi
Efectivamente. Me tomaba en serio que un conejo me hiciera guarrerías. Salimos del aparcamiento, Vi
– Es el conejo -grité- ¡Dispárale! ¡Coge mi pistola y dispárale!
– ¿Estás loca? -dijo Vi
Intenté sacar la pistola de la funda al mismo tiempo que conducía, sin gran éxito.
– Pues entonces le disparo yo. No me importa que me metan en la cárcel. Merecerá la pena. Le voy a pegar un tiro en esa estúpida cabeza de conejo -conseguí sacar la pistola de la funda, pero no quería disparar a través del parabrisas de Ranger-. Ocúpate del volante -dije a Vi
El conejo se protegió inmediatamente en el interior del coche. El todoterreno aceleró y giró a la izquierda por una calle lateral. Esperé a que pasara el tráfico y fui detrás. Les vi delante de mí. Giraron una y otra vez hasta que completaron el círculo y volvimos a meternos en la calle State. El todoterreno se detuvo en una tienda abierta las veinticuatro horas y los dos hombres salieron corriendo por detrás del edificio de ladrillo. Vi
– ¿Por qué seguimos a un conejo? -Vi
– Es el que tiró la bomba a mi CR-V.
– Ah, sí. Ahora lo recuerdo. Tendría que habértelo preguntado antes. Me habría quedado en el coche. Dios, no puedo creer que hayas estado disparando por la ventanilla del coche. ¿Quién te crees que eres, Terminator? Joder, tu madre me arranca los huevos si se entera de esto. ¿En qué estabas pensando?
– Me he puesto nerviosa.
– No te has puesto nerviosa. ¡Te has vuelto loca!