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– Háblame un poco más del asunto. ¿Ha surgido algún problema? ¿Algo en lo que pueda ayudarte?

– El mayor problema es conseguir elementos para las pruebas -dijo la doctora-. Porque nuestros sujetos son voluntarios, la mayoría de ellos como Steve Logan, respetables estadounidenses de clase media que consideran que el buen ciudadano tiene la obligación de apoyar toda investigación científica. No se presentan muchos proxenetas ni camellos.

– Detalle que nuestros críticos progresistas no han dejado de señalar.

– Por otra parte, no es posible profundizar mucho en el estudio de la agresividad y la criminalidad examinando familias de estadounidenses medios cumplidores de la ley. Lo que significa que era absolutamente imprescindible para mí resolver el problema del reclutamiento de sujetos.

– ¿Y lo has resuelto?

– Creo que sí. Se me ocurrió que los inmensos bancos de datos de las compañías de seguros y las agencias gubernamentales albergan hoy en día los informes médicos e historiales clínicos de millones de personas. Eso incluye la clase de datos que empleamos para determinar si los gemelos son idénticos o fraternos: ondas cerebrales, electrocardiogramas, etc. Un buen sistema para identificar gemelos sería, por ejemplo, buscar parejas de electrocardiogramas similares, si pudiéramos hacerlo. Y si la base de datos fuera lo bastante considerable, los miembros de algunas de esas parejas se habrían criado separadamente. Y ahí está el detalle: es posible que los miembros de algunas de esas parejas ni siquiera sepan que tienen un hermano gemelo.

– Extraordinario -comentó Berrington-. Sencillo, pero original e ingenioso.

Lo decía con toda sinceridad. Los gemelos idénticos educados por separado eran muy importantes para la investigación genética, y los científicos recorrían grandes distancias para reclutarlos. Hasta entonces, el principal sistema para dar con ellos había sido a través de los medios de comunicación: los sujetos leían en las revistas artículos sobre el estudio de gemelos y se presentaban voluntariamente para tomar parte en tales estudios. Como Jea

Pero, para Berrington, personalmente, era una catástrofe. Miró a Jea

No contaba con Jea

Berrington se agarró a un clavo ardiendo.

– Encontrar partidas similares en un banco de datos no es tan fácil como parece.

– Cierto. Las imágenes de Graphic ocupan espacios de una barbaridad de megabites. Examinar tales registros es infinitamente más difícil que hacer una revisión de tu tesis doctoral.

– Creo que es todo un problema de diseño de lógica. ¿qué hiciste tú, pues?

– Preparé mi propio programa.

Berrington mostró su sorpresa.

– ¿Hiciste eso?

– Claro. Hice un master de informática en la universidad de Princeton, como sabes. Durante mi estancia en Mi

«¿Es posible que sea tan lista?»

– ¿Cómo funciona eso?

– Emplea lógica difusa para acelerar el emparejamiento de patrones. Las parejas que buscamos tienen similitudes, pero no son totalmente iguales. Ejemplo: las radiografías de dentaduras idénticas, tomadas por técnicos distintos y con aparatos diferentes, no coinciden exactamente. Pero el ojo humano puede verlas como si fuera así, y cuando se examinan, digitalizan y almacenan electrónicamente, un ordenador equipado con lógica difusa puede reconocerlas como equivalentes.

– Supongo que necesitarías un ordenador de las proporciones del Empire State Building.

– Ideé un sistema para abreviar el proceso de emparejamiento de patrones examinando una pequeña parte de la imagen digitalizada. Piensa una cosa: para reconocer a un amigo no te hace falta examinar todo su cuerpo…, con la cara tienes bastante. Los entusiastas de los automóviles son capaces de identificar la mayoría de los modelos corrientes con sólo ver la fotografía de uno de sus faros. Mi hermana puede darte el título de cualquier disco de Mado

– Eso deja la puerta abierta al error.

Jea

– Al no explorar la imagen completa, uno se arriesga a pasar por alto algunas parejas, sí. Pero supuse que se podía acortar radicalmente el proceso de búsqueda con sólo un pequeño margen de error. Es una cuestión de estadística y probabilidades.

Todos los psicólogos estudiaban las estadísticas, naturalmente.

– Pero ¿cómo es posible que el mismo programa sirva para explorar radiografías, electrocardiogramas y huellas dactilares?

– Reconoce patrones electrónicos. Prescinde de lo que representan.

– ¿Y tu programa funciona?

– Parece que sí. Obtuve el correspondiente permiso para probarlo en la base de datos de los archivos de una importante compañía de seguros médicos. Me proporcionó varios centenares de parejas. Pero, naturalmente, sólo me interesan los gemelos a los que se educó por separado.

– ¿Cómo hiciste la selección?

– Eliminé todas las parejas con el mismo apellido, así como a todas las mujeres casadas, puesto que la mayoría de ellas habían tomado el apellido del esposo. El resto son gemelos sin ningún motivo aparente para tener apellido distinto.

Ingenioso, pensó Berrington. Se debatía entre la admiración hacia Jea

– ¿Cuántos quedaron?

– Tres parejas… lo que resulta un tanto decepcionante. Esperaba algunas más. En un caso, uno de los gemelos había cambiado su apellido por razones religiosas: al hacerse musulmán adoptó un nombre árabe. Otra pareja había desaparecido sin dejar rastro. Por suerte, la tercera pareja corresponde exactamente al modelo que estaba buscando: Steve Logan es un ciudadano respetuoso de la ley y De

Berrington lo sabía. Una noche, a hora avanzada, De

Así que Jea

La circunstancia de que ella estuviese allí, en la Jones Falls, era una suerte, ya que le permitió enterarse a tiempo de lo que Jea

¿Sería posible socavar la fe de la muchacha en su programa informático?

– ¿Sabía Logan que era hijo adoptivo? -preguntó con velada malignidad.

– No. -Una arruga de preocupación surcó la frente de Jea

– O supongamos que tu sistema tiene fallos -sugirió Berrington-. Por sí mismo, el hecho de que dos muchachos posean dentaduras idénticas no garantiza que sean gemelos.

– No creo que mi sistema falle -replicó Jea

Berrington consultó su reloj.

– Se me ha echado el tiempo encima, pero me encantará tratar este asunto un poco más extensamente. ¿Tienes compromiso para cenar?

– ¿Esta noche?

– Sí.

Berrington observó que titubeaba. Ya habían cenado juntos una vez, en el Congreso Internacional de Estudios sobre Gemelos, donde se conocieron. Después de que Jea

– Bueno -accedió.

– ¿Qué te parece Hamptons, en el Hotel Harbor Court? Lo tengo por el mejor restaurante de Baltimore.

Al menos era el más ostentoso.

– Estupendo -dijo Jea

– ¿Paso a recogerte a las ocho?

– De acuerdo.

Cuando se alejaba de él, a Berrington le perturbó una repentina visión de la espalda de la muchacha, tersa y musculosa, de sus nalgas y de sus largas, larguísimas piernas. Durante unos segundos, el deseo le dejó la garganta seca. Luego, la puerta se cerró tras Jea

Berrington sacudió la cabeza para librar su cerebro de aquella fantasía lasciva y volvió a telefonear a Preston.

– Es peor de lo que pensaba -manifestó sin preámbulos-. Ha creado un programa que explora las bases de datos clínicos y localiza parejas equiparables. En su primer intento dio con Steven y De

– ¡Mierda!

– Tenemos que decírselo a Jim.

– Hemos de reunirnos los tres y decidir qué vamos a hacer. ¿Te parece bien esta noche?

– Esta noche llevo a Jea

– ¿Crees que eso solucionará el problema?

– No puede agravarlo.

– Me sigue pareciendo que al final vamos a tener que anular el acuerdo con la Landsma