Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 14 из 52

A lo lejos, una sirena. Es absolutamente necesario ponerse en pie antes de que llegue la ambulancia, es absurdo que se preocupen, no le duele nada, tal vez un poco la boca, se ha mordido la mejilla. Pero lo de la mejilla no es grave, es desagradable por las llagas, pero no es realmente grave. Qué estupidez, su chaqueta estará destrozada, y Arthur adora esa chaqueta de tweed. Sarah opinaba que el tweed hacía parecer mayor, pero él se reía de Sarah, que llevaba los zapatos más vulgares de la tierra, con esas puntas demasiado afiladas. Estuvo bien decirle a Sarah que la noche que pasaron juntos había sido un accidente, no estaban hechos el uno para el otro, no era culpa de nadie. ¿Cómo estará el motorista? Seguramente es el hombre del casco. Parece estar bien, con ese aire contrito.

Voy a tenderle la mano a Carol-A

– ¿Arthur?

– ¿Carol-A

– Estaba segura de que te encontrabas en medio de esta catástrofe espantosa -dijo la joven, histérica.

El se desempolvó tranquilamente los hombros de la chaqueta, arrancó el trozo de bolsillo que colgaba tristemente y sacudió la cabeza para desembarazarse de los cristales.

– ¡Qué miedo! Has tenido mucha suerte -continuó Carol-A

Arthur se la quedó mirando, muy serio.

– Todo es relativo, Carol-A

– Una correa a tu vecina… ¡Has tenido mucha suerte de salir casi indemne de este accidente! -se indignó Carol-A

Arthur la miró, adoptó un aire pensativo, y se esforzó por parecer civilizado. No era solamente la voz de Carol-A

Intento recobrar algo parecido al equilibrio y habló en un tono resuelto y tranquilo.

– Tienes razón, no soy justo. Tuve la suerte de dejarte y de conocer luego a la mujer de mi vida, ¡aunque estaba en coma! Su propia madre quería aplicarle la eutanasia, pero y tuve la suerte de que mi mejor amigo accediera a echarme una mano para ir a secuestrarla al hospital.

Inquieta, Carol-A

– ¿Qué quieres decir con «secuestrar»? -preguntó ella con voz tímida mientras apretaba el bolso contra su pecho.

– Que robamos su cuerpo. Fue Paul quien cogió la ambulancia, por eso se siente obligado a contarle a todo el mundo que estoy viudo; ¡pero de hecho, Carol-A

Las piernas de Arthur flaquearon y vaciló ligeramente.

Carol-A

– No, la auténtica suerte fue que la propia Lauren me ayudara a mantenerla con vida. No deja de ser una ventaja ser médico cuando tu cuerpo y tu mente se disocian. Puedes ocuparte de ti mismo.

Carol-A

– Y luego se despertó, y finalmente también eso fue una suerte. Así que ya lo ves, Carol-A

El flamante furgón del centro hospitalario acababa de aparcar junto a la acera. El jefe del equipo se precipitó hacia Arthur al que Carol-A

– ¿Esta bien, señor? – preguntó el socorrista.

– ¡En absoluto! -afirmó Carol-A

– Todo va bien, se lo aseguro -dijo Arthur, zafándose.

– Hay que suturar esa herida que se ha hecho en la frente -insistió el camillero, a quien Carol-A

– No me duele ninguna parte del cuerpo, me encuentro muy bien, tenga la amabilidad de dejarme volver a casa.

– Con todos esos pedazos esparcidos es bastante probable que tenga microcristales en los ojos. Voy a llevármelo.

Fatigado, Arthur se abandonó. El socorrista lo tumbó en la camilla y le cubrió los ojos con dos gasas estériles; mientras no se los limpiaran, había que evitarles cualquier movimiento susceptible de desgarrar la córnea. El vendaje que envolvía ahora el rostro de Arthur lo, sumía en una oscuridad incómoda.

La ambulancia subió por Sutter Street con las sirenas aullando, giró en Van Ness Avenue puso rumbo al San Francisco Memorial Hospital.