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En mi alma i
Hay quien, estando distraído, escriba rayas y nombres absurdos en el secante sujeto con cantoneras. Estas páginas son los garabatos de mi inconsciencia intelectual de mí mismo. Las trazo con una modorra de sentirme, como un gato al sol, y las releo, a veces, con un vago pasmo tardío, como el de haberme acordado de algo que siempre olvidara.
Cuando escribo, me visito solemnemente. Tengo salas especiales, recordadas por otro en intersticios de la representación, donde me deleito analizando lo que no siento, y me examino como a un cuadro en la sombra.
Perdí, antes de nacer, mi castillo antiguo. Fueron vendidas, antes de que yo fuese, las tapicerías de mi palacio solariego. Mi solar de antes de la vida cayó en ruinas, y sólo en ciertos momentos, cuando el claro de luna nace en mí desde por cima de los juncos del río, me enfría la nostalgia de los lados de donde el resto desdentado de los muros [231] se recorta negro contra el cielo de un azul oscuro blancuzco que tira a amarillo lechoso.
Me distingo a esfinges [232] . Y del regazo de la reina que me falta cae, como un episodio del bordado inútil, el ovillo olvidado de mi alma. Rueda por debajo del armario de adornos metálicos, y hay en mí aquello que lo sigue como unos ojos hasta que se pierde en un gran horror de túmulo y de final.
[231] «das paredes» (de las paredes).
[232] Tal vez se pudiese traducir «Me distingo en -o con- esfinges», pero la expresión es, en cualquier caso, tan desconcertante en portugués como en la traducción al castellano.