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– Les pido mil disculpas por haberme demorado, pero seguramente todos me comprenderán cuando les diga que el motivo de mi retraso es que conseguí el segundo fascículo. Aquí está, calentito de la imprenta. Les juro que me arriesgué mucho para conseguirlo. No había visto una muchedumbre igual en la ciudad desde el último alboroto que se armó después del espectáculo de fuegos artificiales, en Covent Garden.

Sophy, al igual que las otras diez invitadas que se hallaban sentadas en el salón de recepción, de estilo egipcio y decorado en blanco y oro, se dieron la vuelta para mirar a la joven pelirroja que acababa de irrumpir en él. Aferraba un libro delgado y sin tapas en su mano y tenía la mirada cargada de excitación.

– Por favor, toma asiento, A

Sophy sonrió cálidamente mientras se cumplía con el protocolo de las presentaciones. Se estaba divirtiendo mucho en aquella reunión y también lo había hecho durante toda la semana, desde que Fa

Julián había estado en lo cierto con respecto a esta tía suya y a su amiga. Obviamente, eran muy grandes amigas, aunque a primera vista uno se impresionaba por las diferencias que había entre ellas, más que por las similitudes.

Fa

También era notablemente optimista. Se interesaba por todo lo que la rodeaba y su pensamiento era liberal. Por sus ocurrencias e ingenio recibía con mucho entusiasmo todo proyecto novedoso que se cruzase en su camino.

El exótico estilo egipcio que seguía su casa de la ciudad estaba a tono con su personalidad. Incluso el extraño papel de las paredes, que tenía una orla de momias y esfinges en miniatura, parecían el entorno perfecto para Lady Fa

Si bien Sophy aprobaba la inusual decoración egipcia de la casa de lady Fa

– Julián puede darse el lujo de mantener a su esposa a la moda y lo hará, no me cabe duda. No te preocupes por las cuentas. Sólo págalas de tu mensualidad y, si te quedas sin dinero, pide más a Julián cuando lo necesites. Sophy se había horrorizado.

– No podría pedirle que me aumente la mensualidad. Ha sido ya demasiado generoso conmigo.

– Tonterías. Te contaré un secreto de mi sobrino. Por naturaleza, no es avaro, pero desgraciadamente no hay muchas cosas que le interesen como para gastar dinero en ellas, excepto las mejoras en la tierra, las ovejas y los caballos. De vez en cuando, tendrás que recordarle que una mujer debe atender ciertas necesidades.

Del mismo modo que, ocasionalmente, tendría que recordarle que tenía una esposa, pensó Sophy en ese momento. En los últimos tiempos, no había visto mucho a su marido.

Harry, tal como la llamaba su amiga Fa

Hasta el momento, Sophy jamás la había visto con otro color. Esa excentricidad la favorecía de un modo indefinido. A Sophy le habían caído bien ambas mujeres no bien las conoció, hecho que era una verdadera suerte ya que Julián prácticamente la había abandonado a su compañía. En la última semana lo había visto muy pocas veces, y ninguna en sus aposentos. Sophy no sabía qué hacer al respecto, pero gracias a Fa

– Ahora bien -dijo Fa

Sophy miró a su anfitriona.

– ¿De verdad una mujer de vida dudosa escribió estas Memoirs?.

– No simplemente una mujer de vida dudosa sino la mujer de ese mundo -le aseguró Fa

– El primer fascículo salió la semana pasada y todas hemos esperado ansiosamente el segundo -anunció otra de las damas-. Enviamos a A

– Es un cambio interesante por las cosas que comúnmente estudiamos y discutimos los miércoles por la tarde, ¿verdad? -observó Harriette-. Una a veces se cansa un poco de desentrañar los extraños poemas de Blake y debo decir que, en ocasiones, no podemos diferenciar entre tas visiones literarias de Coleridge y sus alucinaciones por el opio.

– Vayamos al fondo de la cuestión -declaró Fa

A

– Veo los nombres de lord Morgan y lord Crandon y, oh, Dios mío, también hay un duque real aquí.

– ¿Un duque real? Esta señorita Featherstone parece tener gustos exóticos -observó Sophy, intrigada.

– Así es -señaló Jane Morland, la joven de cabellos oscuros y mirada seria que estaba sentada junto a Sophy-. Imagínense, cómo una de las Impuras Elegantes ha conocido personalidades que yo jamás podría aspirar a conocer. Se ha mezclado con hombres de los más altos niveles de nuestra sociedad.

– Ha hecho un poquito más que simplemente mezclarse con ellos, si me preguntan -murmuró Harriette, ajustándose el monóculo.

– Pero ¿de dónde viene? ¿Quién es? -preguntó Sophy.

– Escuché por ahí que es la hija ilegítima de una prostituta callejera -observó una mujer mayor, con un aire de disgusto.

– Ninguna prostituta callejera vulgar podría haber atraído la atención de todo Londres del modo que la señorita Featherstone lo ha hecho -anunció Jane firmemente-. Sus admiradores han incluido gran parte de los pares del reino. Obviamente, tiene algo que la diferencia de lo común y corriente.

Sophy asintió lentamente.

– Piensen en todo lo que debe haber tenido que superar en su vida para poder obtener la posición que ocupa actualmente.

– Yo me imagino que su posición actual debe pesarle bastante en sus espaldas -dijo Fa

– Pero debe de haberse cultivado bastante para atraer tantos amantes influyentes -comentó Sophy.

– Estoy segura -coincidió Jane Morland-. Es interesante ver cómo cierta gente, que sólo posee inteligencia y donaire, puede convencer a los demás de su superioridad social. Tomen como ejemplo a Brummel o al amigo de Byron, Scrope Davies

– Me imagino que la señorita Featherstone debe de ser muy hermosa para tener tanto éxito en su… eh, profesión elegida -dijo A

– En realidad, no es una gran beldad -anunció Fa

Todas las demás mujeres la miraron sorprendidas.

Fa

– Es cierto. La he visto más de una vez. A distancia, por supuesto. Justamente el otro día, Harry y yo la vimos en Bond Street, haciendo compras. ¿Cierto, Harry?

– Dios, sí. Qué imagen.

– Estaba sentada en el carruaje amarillo más impresionante que he visto en mi vida -explicó Fa

– ¿Entonces por qué tantos hombres de la alta sociedad se sienten tan atraídos hacia ella? -preguntó Sophy.

– Los caballeros son criaturas de una mentalidad muy simple -se explayó Harríette con toda parsimonia, mientras se llevaba una taza de té a los labios-. La novedad y la expectativa de una aventura romántica los marea fácilmente. Me imagino que la Gran Featherstone tiene un arte especial para hacerlos creer que obtendrán ambas cosas de ella.

– Sería interesante conocer sus métodos secretos para hacer poner a los hombres de rodillas -dijo una matrona de mediana edad con un suspiro, la cual llevaba un vestido de seda gris.

Fa

– No se olviden que, a pesar de todo su brillo y esplendor, ella está tan atada a su mundo como nosotras al nuestro. Podrá ser el tesoro más preciado para los hombres de la alta sociedad, pero sabe perfectamente que no puede mantener la atención de un mismo hombre para siempre. Además, no puede hacerse ilusiones de que podrá casarse con alguno de esos hombres que tanto la admiran para asegurarse de ese modo el pasaje a un mundo más seguro.

– Cierto -coincidió Harriétte, apretando los labios-. Por más cautivado que esté con ella, por más que la llene de carísimos collares, un noble que tenga dos dedos de frente jamás propondría matrimonio a una mujer de la vida. Aun si en nombre de sus sentimientos se olvidara del detalle y le ofreciera casamiento, su familia se encargaría de inmediato de solucionar el problema.