Страница 12 из 29
LIBRO CUARTO
Mientras observaba los dibujos de la alfombra, aguardando a que el señor Branshaw continuara tras tan larga pausa, oí el ruido que hacía el libro al cerrarse, y al levantar la cabeza algo sobresaltado por el golpe, que no esperaba, vi que la señorita Bu
Salimos a la calle y echamos a andar; ella, vivaracha y con paso ligero, parecía tal vez un poner de Manchuria que trotaba; yo, aún no del todo satisfecho por las derivaciones que mi fiesta estaba teniendo, me limitaba a ofrecerle el brazo.
Cuando llegamos a su casa (un edificio bajo de fachada blanca, puertas y contraventanas verdes, aspecto agradable y anticuada sencillez) y yo ya me disponía a despedirme, ella me invitó a almorzar; y ante mi negativa inicial insistió tanto que tuve que aceptar, muy a regañadientes. Al parecer, vivía sola con una criada entrada en años que salió a recibirnos refunfuñando, y su fortuna, a todas luces heredada, debía de ser considerable a juzgar por los cuadros que adornaban las paredes y por la calidad de los muebles. La señorita Bu
El primer plato dejó mucho que desear, y los prolongados silencios que se sucedieron entre las múltiples, distanciadas y aburridas indagaciones que la señorita Bu
– Piensa que la historia es disparatada, ¿verdad? Bueno, en cierto modo lo es. Pero he de advertirle que de momento no puedo decirle mucho acerca de este asunto; y lo siento de veras, porque creo que usted y yo ya somos como compañeros de armas o de viaje, y por tanto me parece justo que sepa la verdad. Pero no hoy; mañana tal vez, cuando el señor Branshaw haya dado por finalizada su lectura. Verá, si ahora contestara a su pregunta tendría la impresión de estarme comportando como uno de esos escritores que dejan leer sus novelas antes de que estén terminadas, y eso no me gustaría: demostraría que soy muy impaciente y que no sé callar en los momentos adecuados. Hay que saber prolongar la incertidumbre. Le ruego que me disculpe y le prometo que mañana le daré una respuesta convincente y satisfactoria, que seguramente le sorprenderá.
He de recalcar que si había hecho aquella pregunta no había sido en aras de recibir una contestación que sanase mi curiosidad, pues tal no existía, y por ello no dejó de intrigarme la incomprensible parrafada de la señorita Bu
– No faltaba más.
El resto de la comida discurrió sin variaciones palpables y la charla fue trivial, pero cuando, ya tarde, abandoné la casa de la señorita Bu
El señor Branshaw me recibió con su cortesía característica que nada tenía de cordial y me rogó que le acompañara en la bebida mientras aguardábamos la llegada de la señorita Bu