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– Aguardaré mientras corres a buscar esas cosas. Pero date prisa,
Cuando Ruark regresó a la habitación con las ropas que trajo Dora cerró la puerta con tranca tras de sí. Después dejó la bandeja de comida sobre la mesa junto a la cama haciendo deliberadamente mucho ruido a fin de despertar a Sha
– Cálmate, amor mío. Es solamente el amo que le trae el desayuno a su bella esclava -dijo en tono burlón.
– ¡Oh, Ruark! -dijo Sha
Ruark se encogió de hombros.
– A veces, Sha
Ella trató de leer en sus ojos y se preguntó si él estaba bromeando o hablaba en serio.
– Te he traído un presente dijo él súbitamente. Tomó el paquete de ropas de la silla que estaba junto a la puerta y se 1o ofreció con una decorosa, reverencia-. Esto resultará más apropiado que las cosas que dejó Pellier, el buen caballero.
– Pellier no era un caballero – dijo Sha
– Bien dicho amor mío -admitió Ruark. Arrugo el entrecejo, como si meditara profundamente en una cosa, y agregó-: Nunca se puede declarar caballero a alguien por su colección de riquezas o su falta de ella. Toma a tu padre, por ejemplo. El es, básicamente, un hombre bueno, un caballero, y sin embargo su padre fue ahorcado. ¿Qué gran daño ha sufrido tu padre? El es un hombre honrado, rico, poderoso. ¿Lo consideras por debajo de los lores y duques, Sha
– ¡Claro, que no!
– ¿Y tú misma, amor? La nieta de un salteador de caminos. Y tienes aires de gran duquesa. Sin embargo, si yo tuviera el título o la sangre de un noble, no te consideraría inferior a mí. Quizá si tuviéramos hijos sería una ventaja para ellos. -Se detuvo cuando ella lo miró con indignación, se inclinó hacia adelante y la miró fijamente mientras seguía hablando con lentitud-. Supongamos, amor mío, que yo fuera rico y viniera de una familia con más de un ilustre apellido, ¿podrías entonces amarme y te sentirías dichosa teniendo hijos conmigo, como frutos, hermosos y honorables de nuestro amor?
Sha
– Sí… sí, supongo que… ¡Oh! -estalló-. Es estúpido hablar de estas cosas cuando ambos sabemos que no son así. Tú no puedes ser mas lo que eres.
– ¿Y qué soy yo? -insistió él.
– ¿Tú me lo preguntas? -dijo ella con irritación, y apartó la vista de esos ojos de ámbar que parecían taladrarla-. Tú deberías saberlo mejor que nadie.
– ¿Entonces la respuesta es, señora, que me aceptarías fácilmente si yo fuera rico y noble? ¿No discutirías más conmigo si yo tuviese ésas cualidades y ninguna de las que tengo ahora
Sha
– Lo dices cruelmente, Ruark, pero sí, supongo que podría tolerar estar casada contigo si todo lo que dices fuera cierto.
– Entonces, mi querida Sha
Lo dijo con tanta amabilidad, con una sonrisa tan radiante, que Sha
– Ponte tus ropas -sugirió él y empezó a comer su desayuno.
Ella se levantó, tomó las prendas, que había traído él y se las puso. También se puso la falda negra bordada de la noche anterior, aunque esta vez no la levantó. Ajustó la ancha faja de la cintura sobre la blusa blanca de gitana y después arregló su cabello en una trenza larga y gruesa que dejó caer sobre su espalda. Por ultimo se puso las sandalias de cuero Y ajustó las correas entrecruzadas alrededor de sus tobillos.
Su repentina aparición silenció momentáneamente a Harripen y los otros que se habían reunido en el salón de la posada. Esta., mañana no se demoraron con los piratas porque Ruark no quiso que ella quedara expuesta a las miradas hambrientas de los bandidos.
Ruark la tomó de la muñeca y la arrastró, fingiéndose irritado por la lentitud de ella.
– Muévete, muchacha. ¿Crees que no tengo otra cosa que hacer que esperarte?
– ¡Ah, muchacho! -dijo Harripen entre carcajadas-. ¡La tienes a los saltos, tanto en la cama como en el suelo!
Fuertes risotadas resonaron en la habitación mientras Ruark y Sha
– ¿Ellos no piensan en otra cosa que hacer el amor? -preguntó Sha
– No es amor lo que hacen en la cama, Sha
– Es extraño que tú digas eso, Ruark – dijo Sha
– No es así, amor mío -repuso él, ceñudo-. Es que tú no quieres aceptarme.
Sha
– Es que aún no he encontrado a mi pareja adecuada.
– Sha
Ella lo ignoró deliberadamente.
– Mi padre espera que yo escoja marido pronto. El quiere nietos y no puedo desilusionarlo.
Las entrañas de Ruark se encogieron ante la frialdad del tono de ella
– ¡Maldición, Sha
Sha
Ruark extendió un brazo, abarcando el mar que se prolongaba interminablemente hacia el horizonte.
– ¿Qué eras tú? La diosa Sha
– ¿Qué dices? -preguntó ella, conmovida por las acusaciones de él-. Yo sólo me reservo para el hombre de mi propia elección, y si Dios quiere, todavía encontraré a ese hombre.
Ruark se volvió y la miró sorprendido. Después su ceño se acentuó tempestuosamente
– Te consideras demasiado superior, Sha
Sha
– Dijiste que dirías la verdad. ¿Pero dices que me amas?
Ruark abrió los brazos y habló como dirigiéndose al mar abierto.
– Sha
Fue una verdad retorcida porque ciertamente la amaba. Pero mucho tendría que pasar antes de que él pusiera esa arma en las manos de ella
Sha
Ella se volvió fugazmente para mirarlo y después siguió caminando. Se agachó, tomó la parte posterior del ruedo de su falda y la levantó entre sus piernas hasta sujetarla debajo de la faja de la cintura. Se quitó las sandalias que se echó sobre el hombro y se metió en el agua. Ruark seguía observándola, incapaz de calmar el dolor que sentía en su pecho.
Momentos más tarde oyó un grito y al volverse vio a Harripen y varios otros hombres que remaban hacia el Good Hound. El pirata agitó una mano y Ruark devolvió el saludo y se preguntó que estarían haciendo los otros. Harripen y otro hombre subieron a la goleta y el bote de remos quedó bajo la popa. La tripulación aferró el extremo del cable que Harripen les arrojó y lo aseguró al bote. Después, remando con energía, empezaron a hacer girar al esbelto navío a fin de que la popa quedara hacia el muelle. Harripen ladró una orden y el otro hombre abrió la traba del cabrestante del ancla. Ahora la docena de hombres del bote de remos se doblaron esforzadamente sobre sus remos y lentamente el Good Hound empezó a moverse hacia el embarcadero, arrastrando al venir el cable del ancla. Cuando el barco estuvo cerca del muelle, el bote de remos se apartó y dejó que el Good Hound siguiera por propio impulso hasta chocar suavemente contra los pilares. Harripen arrojó un cabo que Ruark se apresuró a amarrar al cabrestante. Después corrió por el muelle para aferrar otro cabo que le arrojó el hombre que estaba en el castillo de proa. Harripen le gritó que subiera a cubierta y Ruark se volvió para ver qué se había hecho de Sha