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Sus palabras fueron ignoradas. El capitán pirata puso en movimiento a su tripulación. Pronto la goleta se alejaba en la noche. Sólo cuando la vela blanca y cuadrada de la fragata se perdió en el horizonte los, piratas volvieron a la cuenta del botín. Una pesada caja de hierro fue abierta y se descubrió que contenía monedas de oro; éstas fueron llevadas rápidamente a la cabina del capitán, donde quedaron en un cofre más grande para ser repartidas más tarde. Había varios sacos enormes de vajilla de plata y de oro que tendrían que ser tasadas y compartidas y un barril de frágil porcelana cuidadosamente envuelta, que como no tenía valor para los piratas fue reservada para el alcalde de Mare's Head como diezmo, 1o mismo que unas cajas de vinos y alimentos de calidad. Después quedó solamente el cofre grande y todos contuvieron el aliento, porque prometía ser el tesoro más importante.

Pellier rió y dijo en voz alta:

– La hija de Trahern dice que esto contiene una riqueza que ningún hombre podría contar.

Sha

– ¡Joyas! -exclamó-. ¡Seremos todos ricos!

Tomó codiciosamente un saquito, lo abrió y vació el contenido en su mano. En seguida quedó mudo de asombro porque no contenía más riqueza que el gatillo, el cerrojo y la placa de la culata de un mosquete. Revolvió frenéticamente los saquitos y sólo encontró la dureza del hierro. El y Harripen levantaron el pesado cajón e hicieron a un lado una piel engrasada, debajo de la cual había fila tras fila de largos, esbeltos cañones de mosquetes alineados prolijamente sobre tablas de madera con muescas.

Harripen levantó uno y lo hizo girar en sus manos.

– Que me condenen -exclamó.

– ¡Son nada más que mosquetes! ¡Mosquetes inservibles, sin culatas!

Sha

El sonido burlón de su risa se elevó sobre los murmullos.

– y si tuvieran las culatas -rió ella- tampoco les servirían porque el cofre fue dejado caer sobre cubierta y todos los cañones están doblados. Mi padre los guardaba como recuerdo de su único mal negocio. Siempre eso lo fastidiaba, pero ahora estoy segura de que el recuerdo le causará risa.

Ruark gimió interiormente ante la imprudencia de ella pues sabía que esas palabras podrían causar derramamiento de sangre.

Pellier se abalanzó sobre ella y soltó un juramento.

– Pero tú juraste que contenía una riqueza que ningún hombre podría contar.

– Claro -replicó Sha

– Entonces yo esculpiré el precio en tu preciosa piel, perra. Súbitamente Pellier sintió que su muñeca era inmovilizada por una tenaza de acero. Lentamente, contra su voluntad, la hoja fue apartada de Sha

– Sé que eres impulsivo, amigo, pero no te creo ningún tonto. Pellier dejó que Sha

– Ahora, yo aprecio mucho mi pescuezo y no querría verlo estirado en el palo mayor del Hampstead -continuó Ruark sin inmutarse-. Ya le han retorcido la nariz a Trahern ¿pero quieres atraer sobre nosotros toda la furia de su venganza? También hay que considerar esto: la riqueza que sacarás de la carne de ella sería muy poca y ciertamente se ahogaría pronto, pero el padre ama a su hija como su única descendiente y sin duda pagará una bonita suma por su devolución, sana y salva.

Viendo cierta lógica en este razonamiento, Pellier se aflojó y Ruark lo soltó.

– Sí, dices la verdad -gruñó el mestizo de mala gana y sus ojos malignos bajaron hacia Sha

A Sha

Cuando vio a Ruark a bordó del barco, ella, pensó que él había planeado su captura, ya fuera por venganza o por deseo. La idea, aunque la enfureció, por 1o menos era remotamente aceptable como destino para ella y pensó que podría soportar la situación. Pero ahora empezó a sentir un miedo helado por 1o que le reservaba el futuro. Este bruto asesino, Pellier, no hubiera podido ser más repugnante para ella. Era un hombre grosero, sucio, sin la menor idea de decencia. Si le hubieran dado a escoger entre someterse a él o arrojarse al agua, habría elegido lo último sin vacilación. Ciertamente, en cuestión de elecciones, Ruark era su único refugio. Pero si él la había traicionado antes, muy bien podía volver a hacerlo.

La actitud de Ruark era casi calma mientras observaba los ojos de Pellier que apreciaban y saboreaban 1o que consideraba suyo. Un hombre más observador que el mestizo hubiera advertido el endurecimiento de las facciones de Ruark, la tensión de su mandíbula, la frialdad de su mirada… y lo hubiera tomado como advertencia.

Deliberadamente, Ruark aferró la muñeca de Sha

– Te hago una advertencia más, capitán Pellier. Si tienes ojos en tu cabeza, puedes ver que ésta es una pieza rara de considerable valor.

– Ruark pasó el dedo por la frágil columna del pálido cuello. Sha

Ruark la soltó pero no sin antes dirigirle una fugaz mirada de advertencia. Después, con un saludo despreocupado a Pellier, pasó junto a ella y se dirigió al castillo de proa, donde se apoyó en la borda y miró el iridiscente mar que se curvaba debajo -de la proa.

Sha

– ¡Aten a la mujer! -gritó Pellier.

Gaitlier corrió hasta Sha

El sol, elevándose sobre el horizonte tiñó el cielo de un suave color rosado. Las velas se hincharon con 'la' fuerza del viento y la goleta empezó a cortar las aguas como una gaviota en grácil vuelo.

Atada con los otros prisioneros a la base del palo mayor, Sha

A mediodía el velamen protegió a Sha

Los hombres de Pellier se detenían a menudo para mirada con ojos hambrientos, pero conocían a su capitán. Pellier solía encolerizarse sin advertencia y su destreza con las armas le había ganado un profundo respeto rayano en el miedo. Hacía tiempo habían aprendido a mantenerse alejados del mestizo y de todo lo que le pertenecía. Solamente Gaitlier llevó a Sha

Ruark mantenía su vigilancia desde un lugar más distante y miraba a Sha