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– Hemos hecho dos cambios en el plan -dijo el francés, riendo burlonamente-. Tú quedarás a bordo como garantía de tu buena información y nosotros elegiremos el lugar de desembarco.

Ruark los miró fijamente. Un helado temor empezó a crecer dentro de su vientre.

Casi amanecía cuando Sha

– ¡Maldición! ¡Búsquenlo y encuéntrenlo!

Sha

– ¿Qué sucede, papá? -preguntó Sha

– ¡El muchacho! ¡Se ha ido… ha desaparecido!

Sha

– Papá ¿de qué muchacho hablas? Aquí hay, por lo menos, unos… Trahern la interrumpió.

– ¡Hablo de John Ruark! ¡No se lo encuentra en ninguna parte! -Oh, papá -dijo Sha

¿No lo hemos discutido hace unos meses, acaso?

Trahern rugió:

– No estoy para oír frases ingeniosas cuando hay trabajo que hacer. ¡Y nada puede hacerse sin el señor Ruark!

– Pero seguramente, papá -Sha

– ¡Se ha marchado! -La afirmación de Ralston siguió rápidamente a la pregunta-. Ha huido de su contrato de servidumbre. No se lo atrapará a menos que se envíe una flota para registrar a ese barco colonial que estuvo anclado ayer a la mañana.

Ralston se apresuró a cargar la culpa en cualquier parte antes que alguien recordara que había sido él quien trajera a John Ruark a Los Camellos. Pitney bebía lentamente un jarro matutino de ron y se mantenía fríamente remoto mientras observaba al padre y la hija.

– Elot encontró este sombrero en los establos -dijo uno de los capataces-. El estaba atendiendo a la yegua que trajeron.

– Ajá -dijo Ralston-. Una yegua por un siervo. ¿Es esto lo que los coloniales entienden por un buen trueque? Han tomado al señor Ruark bajo su protección y se lo llevaron, directamente debajo de nuestras narices..

– Tranquilícese, señor Ralston. -El hacendado miró fijamente al hombre flaco-. Yo no lo culpo a usted por la presencia de Ruark ni por este problema. Ciertamente, todos nos hemos beneficiado de los talentos del señor Ruark. Sólo que tenemos más de un proyecto en marcha y no podremos completarlos sin él.

Ralston no estaba más dispuesto a aceptar este enfoque de la cuestión, porque parecía que el señor Ruark podía regresar sin sufrir ningún castigo y eso iba en contra de sus intereses. No pudo pensar una réplica y quedó en confundido silencio.

En medio de esta discusión, que sir Gaylord entró lentamente, con aspecto bien descansado y sus mejillas rosadas pregonando su buena salud..

– Diría que aquí hay mucha conmoción. -Miró a. Sha

Sha

– Parece, señor, que el señor Ruark ha desaparecido. ¿Quizá usted sepa dónde se encuentra?

Gaylord levantó las cejas, sorprendido.

– ¿El señor Ruark? ¿El siervo? ¡Vaya! ¿Dice usted que ha desaparecido? Bueno, yo le vi por última vez… a ver, déjeme recordar… anteanoche, en esta misma mesa ¿desde entonces está ausente?

Trahern suspiró con impaciencia. Le costó un esfuerzo considerable suavizar sus palabras.

– Esta mañana tendría que haber estado aquí, en mi mesa. Nunca llegó con retraso.

– Quizá haya enfermado -sugirió Gaylord-. ¿Han enviado a alguien

– El muchacho no está -interrumpió Trahern en tono cortante-. He enviado por él a toda la isla y nadie lo ha visto.

Gaylord pareció perplejo.

– Palabra de honor, no sabía que un hombre podía desaparecer así -dijo-, especialmente en una isla como ésta. ¿El es inclinado a… vagabundear un poco? -Ante la mirada interrogativa de Trahern y de Sha

La taza de Sha

– Ella es poco más que una criatura, apenas una niña, y le agradeceré que se guarde esas groserías para usted.

Pitney se llevó su ron a la boca y miró a Sha

Trahern soltó un bufido e ignoró el apuro de Gaylord.

– Reconozco al muchacho -dijo- el mérito de conocer la diferencia entre el placer y el trabajo. Temo que le haya ocurrido una desgracia; de otro modo estaría aquí.

– Ajá -dijo Ralston despectivamente-. Encontró un lugar donde ocultarse en ese barco que zarpó durante la noche. ¿Por qué, si no, zarparía sigilosamente? No volverán a ver al señor Ruark a menos que ofrezcan una recompensa por su devolución. Y si lo atrapan, habría que colgarlo como ejemplo y para que los demás no hagan lo mismo.

Trahern soltó un largo suspiro.

– Si no se lo encuentra tendré que aceptar que se ha marchado por su propia voluntad. Si es así, ofreceré cincuenta libras por su captura.

Ralston se pavoneó con su renovada importancia y dirigió una mirada a Sha

– ¿Qué piensa usted, señora? -dijo-. ¿No está de acuerdo en que es un renegado traidor que debería ser colgado por villano?

Sha

La búsqueda de Ruark continuó toda la tarde. Sha

Sha

Estaba oscuro cuando llegó Hergus con una bandeja de comida. Sha

– Su padre me pidió que le dijera que sir Gaylord cree que vio a alguien parecido al señor Ruark en la aldea y el hacendado se ha ido a registrar la población, llevándose consigo a todos los hombres de]a isla

para ver si encuentran al señor Ruark. Vaya, no ha quedado un solo hombre en la casa. Su papá está fuertemente decidido a capturar al señor Ruark, si es que pueden encontrado. Me pregunto adónde puede haber ido.

Sha

Para Sha