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Sha

Viendo a Sha

– Oh, señor Ruark -dijo Milly con su chillona vocecita-. Usted es demasiado brusco para una muchacha como yo.

Ruark tartamudeó confuso unas disculpas.

– Oh, perdón, MilIy, pero tengo mucha prisa.

Ruark se hubiera liberado de la muchacha pero ella le aferró el brazo y lo mantuvo firmemente contra sus pequeños pechos.

– Ajá, ya comprendo, John. -El empleo familiar de su nombre de pila le resultó molesto. Súbitamente la voz de ella sonó tan fuerte como para ser oída en toda la isla-. Últimamente parece que siempre tienes prisa. Pero no necesitas correr tanto, John Ruark. Quienquiera que ella sea, puede esperar.

Ruark trató de ocultar su irritación. Retorció su brazo en un esfuerzo por liberarse de ella y miró por encima de la cabeza oscura de Milly hacia Sha

Milly alzó una mano para acariciado en el pecho y le sonrió con sus ojos negros invitadores.

– Oh, John -suspiró-. Eres tan fuerte. Con solo mirarte, una muchacha pequeña como yo se siente débil e indefensa.

Ruark reprimió un rudo comentario sobre dónde podría estar la debilidad de ella y trató de apartar esos dedos de su camisa.

– Vamos, Milly, tengo prisa -casi gruñó.

Milly insistió.

– Preparé un buen cesto de comida-dijo- con una pierna de cordero, John. ¿Por qué no vienes a tomar un bocado con nosotros?

– Lo siento -se apresuró a decir Ruark-. El hacendado me ha pedido que comparta su mesa.

Casi consiguió liberar su brazo pero Milly todavía ensayaría otra treta para retenerlo.

– Oh -gimió Y se apoyó pesadamente en él Creo que me he torcido un pie. ¿Me ayudas a llegar a nuestro carro, cariño?

Una sombra corpulenta se les unió y ambos levantaron la vista y se encontraron con la señora Hawkins, de pie frente a ellos, con los brazos en jarras y mirándolos ceñuda.

– ¡Ajá! -exclamó la mujer antes que cualquiera de ellos pudiera hablar-. ¡Con que un pie torcido! Yo te llevaré hasta el carro. Vamos, muchacha desvergonzada, arrojándote así contra el señor Ruark.

Deberías sentir vergüenza.

La señora Hawkins tomó a su hija de un brazo, dirigió una rápida mirada de disculpas a Ruark y se alejó con la joven. Milly cojeó hasta que su madre le dio un bofetón y la hizo gritar. Olvidada de su pie dolorido, Milly se recobró sorprendentemente rápido y caminó sin dificultad hacia el carro.

Ruark rió divertido pero se puso serio cuando volvió a mirar a Sha

– Vamos, señor Ruark -dijo Trahern- pongamos este molino en marcha y dejemos que estas buenas gentes disfruten de su festín. Mi hija cortará las cintas de la inauguración pero me gustaría que usted compartiera este momento.

Ruark no oyó el resto de lo que dijo el hacendado pues a sus espaldas sonó la risa cristalina de Sha

En un brindis por el rey Jorge fueron levantados picheles de ale, ron y varias otras bebidas mientras que las mujeres prefirieron un vino más suave. La inauguración del trapiche fue motivo de una serie de brindis y cuando Sha

La mano de Ruark se unió a la de ella para abrir el pesado cerrojo, ante tanto público ambos trataron de ignorar el contacto.

Sus ojos se encontraron fugazmente antes que Ruark diera un paso y abriera las puertas, y Sha

Cuando las puertas se abrieron completamente, la gente miró el interior del depósito que estando vacío daba la impresión de una catedral. El ruido de la multitud se redujo a un murmullo de sorpresa; después su atención fue atraída por un grito desde las puertas de molienda. Dos carros ya estaban siendo acercados al lugar sobre la tolva que llevaba la caña hacia abajo. Otro grito atravesó el aire y una pareja de bueyes empezó a caminar en círculos, poniendo en movimiento un gran engranaje, el cual, a su vez, accionaba una gran rueda dentada que hacía girar un eje que entraba en el edificio. El hombre que manejaba a los

bueyes inclinó su espalda para mover una gran palanca. Un gran ruido sordo fue seguido de otro y en seguida los rodillos empezaron a girar con lento, majestuoso movimiento. El ruido pareció estremecer hasta al mismo suelo y produjo un sentimiento de euforia en el pecho de Sha

detuvieron. El súbito silencio duró lo que a Sha

Fue un logro estupendo. Lo que a una cantidad de hombres le hubiera llevado toda una tarde había sido logrado en el tiempo que se demoraría en beber una taza de té. Un grito de aprobación se elevó desde el público reunido. Incluso Ruark sonrió, hasta que sir Gaylord cruzó la plataforma, se ubicó entre él y Sha

Puesto que el trapiche era algo enteramente nuevo en la isla, a los aldeanos se les permitió que vieran el interior ahora que había quedado demostrado el funcionamiento. Durante muchas semanas los pobladores se habían hecho preguntas acerca de eso que estaban construyendo en las colinas sobre la aldea y ahora, por fin, su curiosidad quedaba satisfecha. Quedaron llenos de admiración por el ingenio con que había sido erigido y más de unos pocos se sintieron contritos porque una vez se habían reído incrédulos cuando les informaron que la producción del trapiche sería limitada solamente por la velocidad con que la caña pudiera ser arrojada en la tolva y que lo que antes exigía largos y tediosos meses de ardua labor ahora podría hacerse en una semana.

– ¿Puedo acompañarla, señora Beauchamp? -preguntó sir Gaylord-. Siento un poco de curiosidad por esta cosa. Debió de ser un inglés quien la concibió.

Sha

– Nuestro siervo ya me ha mostrado detalladamente el lugar, sir Gaylord. Estoy segura de que al señor Ruark le interesaría su deducción, pero él es de las colonias, no de Inglaterra, como usted supuso.

– ¡No! ¡No me diga que él fue quien…! -Sir Gaylord estaba evidentemente atónito. Con expresión arrogante, estornudó ligeramente en su pañuelo-. Bueno, supongo que para ello bastan unos pocos conocimientos básicos acerca de la construcción de una destilería. Yo no puedo soportar esa bebida. Prefiero un buen vino a ese brebaje bestial. No es bebida para caballeros..

Sha

– Tendré que informar a mi padre de sus opiniones, sir Gaylord. En realidad, a él la bebida le resulta muy agradable.

Sir Gaylord cruzó sus grandes manos atrás de su espalda y pareció ponerse más pensativo.