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También había otros que trabajaban activamente para llevarla a la cama sin la ceremonia del casamiento, usualmente por la sencilla razón de que ya tenían una esposa. Un conde quiso hacerla su querida y le juró apasionadamente amor eterno hasta que sus hijos, seis en total, interrumpieron la declaración. Estos encuentros superaban ampliamente a los buenos y con cada uno Sha

No fue el menor, de sus problemas el hecho de que su año en Londres estuvo a punto de terminar desastrosamente en cuanto a la mera existencia. El Tratado de Aix-la-Chapelle había dejado sueltos en la ciudad a numerosos soldados y marineros y una buena parte de ellos, envalentonados con el falso coraje de la ginebra, se dedicaron al robo para sobrevivir y volvieron la noche peligrosa para quienes paseaban inocentemente por las calles. Sha

Pero ahora todo eso estaba en el pasado. Lo que importaba era que su período de gracia casi había terminado y ella no había encontrado una pareja aceptable.

Sin embargo, era una mujer de recursos y con ideas propias. Como su padre, Sha

Esta misma tarde, sus desmayadas esperanzas revivieron cuando Pitney, un amigo verdadero y leal, le trajo el aviso tan esperado. Hasta estaba libre de la presencia del siempre vigilante Ralston. Por una buena suerte excepcional, él fue llamado en las primeras horas de la mañana para que investigara los daños sufridos por un barco mercante de Trahern que había encallado cerca de la costa escocesa. Como Ralston estaría ausente por lo menos una semana, quizá más, Sha

Confiarse en Ralston hubiera sido igual que informar al mismo Orlan Trahern y Sha

Empezó a sentirse ansiosa en el protegido interior del lujoso Briska, y con la voz de las ruedas como protección, ensayó en voz baja el nombre tan nuevo para sus labios, tan lleno de promesas.

– Ruark Beauchamp. Ruark Deverell Beauchamp.

Nadie hubiera podido negar la fina distinción de ese nombre, ni la aristocracia de los Beauchamp de Londres.

La invadió un ligero remordimiento de conciencia. Con cada momento que pasaba, el carruaje la acercaba más al instante decisivo. Pero Sha

‹ ¡Esto no está mal! Este arreglo nos beneficia a los dos. El hombre tendrá alivio en sus últimos días de vida y. será sepultado en una tumba honorable por su servicio temporario. Dentro de dos semanas, mi año habrá terminado.›

Empero, los escrúpulos empezaban a corroer los bordes de su resolución mientras preguntas por docenas se lanzaban sobre ella como murciélagos en la noche. ¿Serviría este Ruark Beauchamp para sus propósitos? ¿Y si era un hombre bestial, jorobado, con dientes podridos?

Sha

Sha

¿Este Ruark se reiría de ella?, Sha

Sha

– En alguna parte tocó una campana en la noche.

Las ruedas del carruaje saltaban sobre el empedrado y el corazón de Sha

El tiempo permanecía inmóvil mientras la incertidumbre picoteaba los límites exteriores de su mente, y en alguna parte, hondamente en su interior ella se preguntaba qué locura la había espoleado a empezar este asunto.

Un grito interior emergió hasta la conciencia. ¿Por qué tenía que ser así? ¿Su padre había perdido el sentido y la ternura del amor en su codicia y deseo de aceptación en la corte? ¿Era ella solamente un peón útil en algún gambito más grande? El había amado profundamente a su esposa, sin dar importancia al hecho de que. Georgiana era hija de un herrero plebeyo. ¿Por qué, entonces, tenía que empujar a su única hija a una relación que ella aborrecería?

No era que ella no se hubiera esforzado. Desde su arribo a Londres habíase visto constantemente asediada por cortejantes, pero en todos encontró defectos. Quienes más le desagradaron fueron los que se le acercaron con un deseo de riquezas que excedía al deseo que sentían por ella. ¿Su padre no podía comprender que ella quería un esposo al que pudiera admirar, amar y respetar?

Ninguna voz daba las respuestas que buscaba Sha

El carruaje redujo su velocidad y dobló en una esquina. Sha

El señor Pitney era un hombre gigantesco, de anchas espaldas, con una cara amplia y llena, de acuerdo con su tamaño. Un duro mechón de cabellos castaños estaba atado en su nuca debajo de un tricornio negro. A sus cincuenta años, podía enfrentar y vencer a dos hombres menores o mayores que él. Su pasado era un misterio y Sha

– ¿Está decidida? -preguntó Pitney con una voz profunda y áspera-. ¿Tiene que ser así, entonces?

– Sí, Pitney -murmuró ella quedamente, y con más decisión, agregó-: Tengo que hacerlo.

A la luz mezquina de las linternas del coche, los ojos grises de él se encontraron con los de ella. Tenía el entrecejo arrugado en un gesto de preocupación-. Entonces será mejor que se prepare -dijo él.