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Ralston resopló disgustado pero supo que había perdido. Giró sobre los talones y se alejó.
Contenta con su victoria, Sha
Mucho antes del amanecer Sha
Más gritos llegados desde arriba le indicaron que el barco estaba siendo llevado, por medio de la cadena del ancla, hacia la corriente principal del Támesis. Con un ligero balanceo, el barco quedó libre y en seguida se afirmo cuando fueron izadas las velas para aprovechar la brisa de, la madrugada que soplaba hacia el mar. Con el suave balanceo del barco, Sha
La primera noche de la travesía, Sha
Era la noche del tercer domingo de viaje, después de un día hermoso y radiante. El bergantín navegaba ligeramente a sotavento y una brisa regular llenaba sus velas. Sha
Desde alguna parte bajo cubierta podía oírse una voz que cantaba en un rico registro de barítono. La canción seguía el ritmo lento y suave balanceo del Matguerite, que seguía tejiendo millas con su quilla. La brisa se llevaba las palabras de la canción y las dispersaba sobre el mar, pero a veces los versos llegaban claramente a cubierta, a los oídos de Sha
Sha
Cuando estoy solo con mi corazón
En la negra noche. O el inmenso mar
Mis pasos encuentran a la luz del amor
El camino que me lleva hacia ti.
Unos brazos tibios y fantasmales parecieron rodearla y Sha
La ilusión destrozada, Sha
– Aaahhh, madame Beauchamp! Está usted demasiado radiante para describirla con meras palabras -exclamó el capitán Duprey-. Soy su humilde servidor, madame, ahora y siempre. Entre. Entre.
Sha
– ¿No hay nadie más esta noche? -preguntó extrañada.
Jean Duprey la miró con ojos brillantes y se acarició su oscuro bigote.
– Mis oficiales tienen obligaciones que los retienen en otra parte, madame Beauchamp.
– ¿Y el señor Ralston? -Sha
– Ah… él… -Jean Duprey rió y se alzó de hombros-. Descubrió que la tripulación estaba comiendo carne salada y frijoles y convenció al cocinero de que le enviara un plato.
De modo, que madame… ah… -Aparentó tener dificultades con el nombre de ella Y, en seguida trató de tomarle una mano Y dijo, en tono zalamero-: ¿Puedo dirigirme a usted por su apellido de soltera, Sha
Con una sonrisa triste, Sha
– Capitán Duprey, conocí a mi esposo sólo por muy breve tiempo Y lo perdí hace menos de un mes. El trato que usted propone me resultaría demasiado penoso. Por favor, discúlpeme. Vine aquí buscando la compañía de muchos a fin de enmascarar mi dolor. Le ruego que perdone mi duelo. Mi marido tenía modales encantadores Y usted ha despertado recuerdos de momentos felices que compartimos, aunque fueran tan breves. Si me excusa esta noche, señor, debo buscar tranquilidad en otra parte.
Jean hizo ademán de seguirla pero Sha
– No, capitán. Hasta para la soledad hay momentos. -Su voz tembló tristemente mientras el aroma que flotaba en la cabina la hizo recordar el hambre que sentía-. Pero hay una cosa…
El capitán Duprey asintió ansiosamente con el cabeza, deseoso de complacerla.
– ¿Podría enviar más, tarde, a mi cabina, un plato de cualquier cosa? Sin duda, para entonces podré soportar la vista de la comida.
Hizo una deliciosa reverencia Y cuando se irguió los ángulos de su hermosa boca sonrió traviesa mente.
– Déle saludos míos a su, esposa cuando lleguemos a Los Camellos, capitán.
Antes de que él pudiera recobrarse, Sha
El estaba alimentándose con una buena porción de carne salada, galletas marineras y frijoles. Cuando apareció ella, él levantó la vista de su plato, la miró un momento Y en seguida asintió, sin necesidad de explicaciones para comprender la razón de la huida de ella de la cabina del capitán. La fuerte inclinación de Jean Duprey hacia las mujeres no era un secreto entre los hombres de Los Camellos.
Sha
Sha