Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 18 из 144

– ¡Ruark, tú no eres un caballero! -exclamó indignada.

– ¿Esperabas encontrar un caballero en un calabozo?

– ¡Eres un grosero! -jadeó ella, tratando de apartar las manos de él.

Ruark rió suavemente y su respiración rozó el cuello de ella. -Soy nada más que un marido -replicó él- ardiente y bien dispuesto.

Sha

El le apoyó una mano sobre el pecho desnudo y ella trató de abofeteado pero él la detuvo a tiempo aferrándola con una mano de hierro, aunque sin causarle dolor. Sha

Sha

– ¡Ruark! ¡Aguarda! -jadeó cuando él apartó un poco su boca.

Mientras tanto, los dedos de él se afanaban con las delicadas cintas de la camisa y dejaban los pechos de Sha

– Vamos, Sha

– Oh, Ruark -jadeó en un susurro-. Oh, no, por favor… -casi no podía respirar-. Oh, Ruark, basta…

El calor se difundió por su cuerpo hasta que su piel pareció resplandecer. Ahora tenía las manos libres pero sólo podía aferrar la cabeza de él y apretarla contra sus pechos. El se movió y ella lo sintió entre sus muslos, duro y caliente. Tenía los labios resecos y se los humedeció con la lengua. En un último y débil esfuerzo trató de protegerse de la ardiente virilidad de él..

– Oh, amor, amor mío -jadeó él, le tomó una mano y la llevó hasta su sexo-. Soy un hombre de carne y hueso. No, soy un monstruo, Sha

La besó nuevamente y su lengua insistió hasta que ella la recibió con la suya, primero con hesitación y después decidida, con pasión. El la apretaba contra el asiento de terciopelo.

¡Su cordura trataba de luchar contra esta locura! ¡Su pasión parecía susurrarle taimadamente: déjalo hacer!

Y él lo hizo. Primero, un dolor desgarrante, agudo, la hizo soltar una exclamación pero en seguida sintió muy profundamente una calidez que la hizo sollozar de placer. El empezó a moverse sin deJar de besarla, de acariciada, de amarla…

Súbitamente llegó desde afuera un grito de Pitney y la velocidad del carruaje cambió. Ruark soltó una maldición, levantó la cabeza y se percató de que estaban deteniéndose. Entonces oyó otra voz que respondía al grito de Pitney y la reconoció como la voz del tercer guardia, el que había quedado con el carromato prisión.

– ¡Ahhh, maldición! -exclamó Ruark lleno de frustración-.

¡Maldita perra tramposa! -Se apartó rudamente de ella y la empujó con violencia-. ¡Sabía que no cumplirías tu pacto!

Con mucha urgencia, Ruark empezó a poner en orden su ropa mientras la miraba con una mueca cargada de desprecio.

Sha

– Cúbrete -gruñó despectivamente. y en seguida, con voz más dura, agregó-: ¿O quieres que los guardias tomen mi lugar?

Sha

Un segundo después la portezuela se abrió violentamente Y la negra boca de la enorme pistola de Pitney apuntó amenazadora al pecho de Ruark.

– Fuera.

En Ruark, todo se rebeló. Lo habían empujado, usado, enardecido, provocado, engañado y finalmente traicionado en un momento de lo más degradante. Un áspero rugido brotó de su garganta y antes de que nadie pudiera reaccionar, apartó la pistola con un violento puntapié y se arrojó, con los pies primero, contra el pecho de Pitney. La fuerza del ataque hizo que ambos cayeran sobre el lodo del camino. Los guardias dieron gritos de alarma.

– ¡Atrápenlo, o Hicks nos hará cortar las cabezas!

Sha

Lograron dominarlo momentos más tarde y aun entonces él apenas estaba más golpeado que sus captores, dos de los cuales ahora lo tenían sujeto contra el barro entre sus rodillas mientras el tercero se apresuraba

a sujetarle las muñecas con las esposas.

Pitney observaba de pie y. trataba de limpiarse un poco de lodo de su capa. Se masajeaba un hombro como si le doliera y flexionaba un brazo. Cuando alzó la vista, se detuvo al ver la cara de Sha

– Sentimos habernos demorado, señora, pero el carro se atascó en el barro cerca del estanque. De otro modo hubiéramos llegado antes, como usted quería. Ruark levantó lentamente la cabeza y la miró fijamente a los ojos. Tenía la cara magullada y manaba sangre de un ángulo de su boca.

La garganta de Sha

– Si Dios Todopoderoso llegara a apiadarse de mí -gritó él con furia- me ocuparé de que se cumpla completamente nuestro pacto…

Su promesa fue silenciada por el golpe de un enorme puño. Sha

Sha

La portezuela del carruaje fue, cerrada con suavidad y el peso de Pitney hizo que el coche se bamboleara ligeramente cuando él ocupó el asiento del cochero.

El carruaje se puso en movimiento. Cuando pasaron junto al carro prisión chapaleando, en el lodo y envueltos en las profundas tinieblas de la noche, de la caja con barrotes emergió un aullido desgarrante, casi inhumano, acompañado por los golpes repetidos contra la pesada puerta de madera. Súbitamente, Sha

Cerró con fuerza los ojos, se tapó los oídos con las manos. Pero la imagen de la cara golpeada y magullada de él seguiría grabada en su cerebro y nada podría borrarla.