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Poco tiempo después, llamó la atención de todos el ruido de un carruaje que se acercaba. Gabrielle fue hasta la ventana. Sha
– ¡Es Garland! ¿No le habías dicho que no viniera?
Amelia ahogó una exclamación y dejó caer su labor de aguja. Se puso de pie, aparentemente indecisa.
– ¡Oh, Dios mío! ¡Garland! -Se volvió hacia su marido: con expresión de súplica. ¿George?
También Ruark pareció súbitamente alterado. Sacudió la cabeza como apesadumbrado, se apartó de Sha
La entrada de Garland fue como la llegada de un torbellino, una brisa de aire fresco llenando toda la casa. Cuando entró, fue directamente hacia su madre y le entregó el niño. Sin mirar a nadie más, la recién llegada fue directamente hacia Ruark y lo besó.
Bienvenido a casa, Ruark -dijo ella en voz suave y afectuosa. Garland se volvió, se quitó el sombrero y se acercó a Sha
– y por supuesto, tú debes ser Sha
– ¡Oh! -exclamó Sha
Sha
La voz de Orlan Trahern resonó con fuerza en medio del silencioso salón.
– ¿Alguien quiere decirme qué está sucediendo?
Pitney soltó una risita y Ruark se adelantó, juntó los talones e hizo una leve reverencia.
– Ruark Beauchamp, a su órdenes, señor.
– ¡Ruark Beauchamp! -exclamó Trahern.
Su siervo no se detuvo a explicar sino que salió corriendo en pos de Sha
– ¿Cómo demonios puede ser ella viuda si usted es Ruark Beauchamp?
Ruark replicó por encima de su hombro:
– Ella nunca fue viuda. Yo mentí.
– ¡Maldición! ¿Están o no están casados?
– Estamos casados -respondió Ruark desde la mitad de la escalera. Orlan gritó más fuerte aún:
– ¿Seguro?
– Sí, señor.
Ruark desapareció por el pasillo y Trahern regresó al salón, con expresión ceñuda y pensativa. Miró acusadoramente a Pitney, quien se limitó a encogerse de hombros y encender su pipa. Después miró a su alrededor y vio las expresiones preocupadas de todos los Beauchamps. La barriga de Trahern empezó a temblar y poco después resonaron sus potentes carcajadas. Hubo alguna que otra tímida sonrisa. Trahern se acercó, cojeando, a George y le tendió la mano.
– Suceda 1o que suceda, señor -dijo-, estoy seguro de que no sufriremos de aburrimiento.
Ruark probó a abrir y encontró la puerta cerrada con llave.
– ¿Sha
– ¡Vete! -respondió ella con un grito-. ¡Me hiciste quedar como una tonta delante de todos!
– ¿Sha
– ¡Vete!-
– ¿Sha
– ¡Déjame en paz, mequetrefe llorón! -repuso Sha
– ¡Abre la puerta !
– ¡No!
Ruark retrocedió y lanzó una patada con todas sus fuerzas.
La puerta era de roble macizo, pero el pistillo y la jamba no resistieron el mal trato.
Ruark entró y se encontró frente a una horrorizada Hergus.
– ¡S…s…señor Ruark! -tartamudeó la mujer-. Váyase de esta habitación, señor Ruark. No permitiré que la deshonre delante de estas buenas personas.
Ruark la ignoró y avanzó hacia Sha
– Salga de mi camino -gruñó Ruark. No estaba de humor para tolerar intromisiones.
La criada se mantuvo firme.
– ¡Señor Ruark, usted no hará esto aquí!
– ¡Mujer, usted está interfiriendo entre mi esposa y yo! ¡Váyase!
Hergus 1o miró con la boca abierta. Muy dócilmente, se hizo a un lado y salió de la habitación.
– ¡Sha
– ¡Beauchamp! ¡Beauchamp! -dijo ella, golpeando el suelo con el pie con cada palabra-. Debí saberlo.
– Anoche traté de decírtelo, pero tú no quisiste escucharme.
Sha
– Entonces, soy una señora Beauchamp, de los Beauchamps de Virginia. No soy viuda ni lo he sido nunca. Seré la madre de un Beauchamp y mi padre tendrá lo que tanto ansiaba.
– Al demonio con lo que ansiaba tu padre. -Ruark la tomó en sus brazos-. Tendrás todo lo que desees.
– Desde el principio me tomaste por una tonta -acusó ella, resistiéndose al abrazo-. Hubieras podido decírmelo y me habrías ahorrado muchas cosas.
– ¿Recuerdas, amor mío, en Mare's Head, cuando dijiste que me aceptarías si yo viniera de una familia de elevada posición y de buen nombre? -preguntó él suavemente-. Yo quería que tú me amases, Sha
– ¿Esto es todo tuyo, verdad? ¿Esta habitación? ¿El valle con la cabaña y la cama donde hicimos el amor? ¿Los caballos? ¿Hasta Jezebel fue un regalo tuyo?
– Todo lo que tengo lo pongo gustosamente a tus pies -murmuró Ruark.
– ¿Cómo es que sabes tanto de aserraderos? -preguntó Sha
El respondió quedamente:
– He construido tres, que son míos, sobre el río James y uno muy grande en Well's Landing, Richmond.
– ¿Y los barcos? -Lo miró con sospechas-. Siempre me sentí intrigada por la goleta, por lo bien que la conducías. Parece que también tienes conocimientos de navegación.
– Mi familia posee seis barcos que recorren la costa -dijo Ruark y la acarició con la mirada-. Yo poseo dos, ahora tres, con la goleta.
Sha
– Eres más rico que mi padre.
El rió por lo bajo.
– Eso lo dudo sinceramente, pero puedo comprarte todos los vestidos que desees.
Sha
– Te reíste de mí todo el tiempo -gimió desconcertada-. Cómo debes de haber sufrido al no poder echar mano a parte de tu fortuna para librarte de la servidumbre en Los Camellos.
– Te lo dije una vez, el dinero no era problema para mí. -Fue hasta la caja de música y abrió una puerta oculta en uno de los costados, revelando un compartimiento secreto que ocupaba toda la base. Sacó varias piezas de piel de ciervo encerada y después dos saquitos de cuero, que tintinearon cuando él los sopesó en una mano. He tenido esto desde que Nathanial fue a Los Camellos. El hasta me envió la caja para guardado. Aquí hay más que suficiente para pagar mi libertad y mi pasaje a Virginia. Si no hubiera querido estar contigo, me habría marchado.
Se acercó a Sha
– Te amo, Sha
Sha
– Yo alentaba la idea de vivir en una cabaña contigo. -Ruark la estrechó con fuerza y ella murmuró, contra el pecho de él-: Te habría arrancado el cuero cabelludo, sabes.