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Medio llorando, medio gimiendo, huyó muy alterada.

Sha

– ¿Qué demonios estás haciendo, ahora, Milly? -estallo Sha

Sollozando, Milly se hizo a un lado y la miró.

– ¡La orgullosa señora Sha

Horrorizada, Sha

– ¡Milly! ¡Milly! ¡No sabes lo que dices! ¡Cállate!

– ¡Oh, aguarde a que se enteren los demás! -gritó la muchacha-. Todos la consideran a usted tan blanca y pura como un lirio. Aguarde a que se enteren.

Sha

– ¡Milly, no! -imploró-. Tú no tienes idea de lo que sucede. ¡Milly!

La muchacha danzó en círculo alrededor de Sha

– ¡Quédate quieta, tonta!

– ¡Oh, que tonta fui! -dijo Mi1ly-. La orgullosa Sha

– ¡Milly! -dijo Sha

– Usted lo tiene todo. Nunca trabajó. Nunca le faltó nada. Ahora consiguió un hombre. Pero no es mejor que yo. El es un hombre casado. Ojalá que usted también quede encinta.

La cara de Sha

– ¿Y con quién crees que está casado él? -preguntó.

No bien lo hubo dicho, Sha

– ¡Usted! -exclamó-. ¡Usted! ¡Ooohhhh Nooo! -Su voz se volvió lastimoso quejido. Ahora sollozando fuertemente, Milly se volvió y huyó por-el camino que llevaba al pueblo.

Sha

– Señora, me temo que acaba de contar la verdad al pregonero del pueblo.

– ¡Oh, Ruark! -Sha

– Tranquilízate, amor mío, serénate. – Ruark la abrazó y le susurró al oído-. De nada sirve afligirse. Si ella se lo dice, nosotros lo admitiremos. Tu padre es un hombre razonable. Por lo menos, nos escuchará.

Sorpresivamente, la idea de tener que confesar su casamiento ya no le pareció tan terrible.

– Por lo menos, Milly ya no te molestará -sollozó ella débilmente.

Ruark se protegió los ojos con la mano y miró a la distancia.

– ¿Y qué hay de Gaylord? -preguntó-. ¿Dónde está tu buen amigo? Sé que él salió contigo.

Sha

La última vez que lo vi, estaba en dificultades con su cabalgadura. Fue poco después que dejamos los establos, y ahora probablemente aún está tratando de hacer que el caballo se vuelva para regresar a casa.

– Últimamente parece exigir mucho de tu tiempo -dijo él, en tono más cortante que lo que hubiera querido.

– Vaya, Ruark, no puedes estar celoso de sir Gaylord.

Ceñudo, Ruark volvió el rostro.

– No puedo tolerar sus modales afectados, eso es todo. -Pero con más sinceridad admitió roncamente-, no puedo soportar que te corteje y te mire. Ese privilegio, señora, me pertenece.

– Tú también me miras -replicó ella en tono de broma- y muy intensamente.

Ella entró al establo conduciendo a Jezebel, Ruark gruñó y le dio una palmada en las nalgas.

– Grosero -dijo ella-. ¿Cuándo aprenderás a tener quietas las manos?

– Jamás -declaró Ruark. Le rodeó la cintura con un brazo y la atrajo hacia sí-. Por todas las veces que debo mirarte sin poder tocarte, juro que me desquitaré cuando estemos solos. Tu padre no regresará hasta, tarde. Ven conmigo a mi cabaña.

Sha

Era casi de noche cuando Sha

– ¡Otra vez ha estado con él dijo la sirvienta-. ¡Ya plena luz del día! Es una vergüenza lo que está haciendo con el señor Ruark bajo las narices de su padre.

Sha

– Era una dama decente hasta que llegó él -continuó Hergus-.Y ahora no puede contenerse. ¡Y él! ¡Igual que, un animal! Parece que siente su olor y aguarda a que su padre se ausente para buscada. Ya la veo con el vientre hinchado con una criatura. ¡El debe de estar orgulloso de lo que tiene dentro de sus calzones para usado tan a menudo con usted!

– ¡Hergus! ¡Basta! Pero Hergus insistió.

– Muchacha, sabe cuánto la quiero. Pero no puedo tolerar esto que está haciéndose a sí misma. He estado a su lado desde que era pequeñita. Yo tenía dieciocho años. -Se echó atrás y aspiró profundamente-. Y ahora la veo entregándose clandestinamente a un vulgar siervo. Mi Jamie y yo -por un momento su mirada se volvió lejana- veníamos de un clan pobre de las tierras altas y no estuvimos mucho tiempo juntos. Pero usted señorita Sha

– No. -El susurro fue tan suave que la sirvienta tuvo que esforzarse para oír la palabra. Sha

Sha

– Hay mucho acerca del señor Ruark y de mí que tú no comprendes, Hergus. Creo que todo se sabrá si Milly se sale con la suya.

– ¿Qué sabe Milly?

– Mucho, me temo replicó Sha

Para Hergus, una cosa era criticar las acciones de su ama, pero otra diferente era que alguien hablara mal de ella. En ese sentido, su lealtad era muy firme.

– Esa chiquilla hará bien en frenar su lengua -dijo.

Sha

– Su papá está en el salón con el, señor Ralston, el señor.Pitney y ese sir Billingham..Será mejor que se dé prisa. El ha llegado hace tiempo y preguntó por usted. Le dije que usted había regresado.

Hergus limpió una repisa inmaculada llena de objetos curiosos y pasó los dedos por un polvo imaginario. Se volvió otra vez a Sha

– Oí a sir Billingham preguntar dónde estaba usted. El encontró su caballo en el establo pero usted se había marchado sin decirle adónde. Supongo que él cree que su padre la vigila muy de cerca. -La mujer pensó un momento-. Quizá su papá está preguntándose acerca de usted, aquí arriba, con el señor Ruark a sólo unos pasos. Pero supongo que él cree que puede confiar en usted. Es una lástima que lo traicione.

Sha

– Volveré para peinarla.

Sha

Las ilusiones desparecieron abruptamente cuando Hergus llamó a la puerta del dormitorio y entró. Sha