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No había dormido bien aquella noche. A causa del dolor de las heridas y de la presencia de Je
El tren redujo la velocidad al aproximarse a Liverpool Street. Neuma
Catherine Blake tomó un taxi hasta Charing Cross. El punto de encuentro estaba cerca de allí, delante de una tienda del Strand. Pagó al taxista y abrió el paraguas para protegerse de la lluvia. Echó a andar. Hizo un alto en una cabina telefónica, descolgó el auricular y simuló hacer una llamada. Examinó el terreno a su espalda. La cortina que formaba la lluvia reducía la visibilidad, pero no detectó señal de vigilancia alguna. Volvió a poner el auricular en su horquilla, salió de la cabina y continuó por el Strand, hacia el este.
Clive Roach se apeó por la parte trasera de la furgoneta de vigilancia y la siguió a lo largo del Strand. Durante el breve trayecto en el vehículo se había desembarazado de la gabardina y el sombrero para ponerse un chaquetón impermeabilizado de color verde y un gorro de lana. La transformación era radical: de oficinista a obrero. Roach vio a Catherine Blake detenerse y efectuar la fingida llamada telefónica. Roach hizo un alto en un puesto de periódicos. Mientras recorría los titulares con los ojos, se representó mentalmente el rostro del agente al que el profesor Vicary había asignado el nombre en clave de Rudolf. La misión de Roach era sencilla: ir pisándole los talones a Catherine Blake hasta que la mujer pasara el material a Rudolf y entonces seguir a éste. Alzó la mirada a tiempo de ver a Catherine colgar el teléfono y salir de la cabina. Roach se mezcló con los transeúntes y la siguió.
Neuma
Clive Roach localizó a Rudolf y observó el intercambio. Pensó: «Actúan como la seda, ¿eh, bastardos?». Vio a Rudolf hacer su alto, volverse y andar en la misma dirección que Catherine Blake. Roach había sido testigo de muchos encuentros de agentes alemanes, desde 1939, pero era la primera vez que veía a uno de esos agentes volverse para seguir al otro. Lo normal era que se alejasen por rutas separadas. Roach se subió el cuello del impermeable para cubrirse las orejas y se lanzó en pos de ellos con todo el cuidado del mundo.
Catherine Blake caminó un trecho por el Strand en dirección este y luego descendió hacia el Victoria Embankment. Entonces se dio cuenta de que Neuma
Vogel debía de haberle ordenado que lo hiciese.
¿Pero por qué? Sólo se le ocurrieron dos posibles explicaciones: o que Vogel había perdido la fe en ella y deseaba enterarse de a dónde iba o que Vogel quería determinar si el otro bando la estaba sometiendo a vigilancia. Miró al Támesis y luego se volvió y recorrió el Embankment con la vista. Neuma
Recordó las interminables sesiones de formación en el campamento secreto de Baviera. Vogel lo había llamado contravigilancia, un agente seguía a otro para cerciorarse de que el enemigo no seguía al primero. Se preguntó por qué efectuaba ahora Vogel tal maniobra. Tal vez deseaba verificar que la información que recibía era de fiar asegurándose de que a ella no la seguía el otro bando. Sólo imaginar la segunda explicación hizo que le ardiera el estómago a causa de la angustia. Neuma
Hizo otra pausa y contempló el río, mientras se esforzaba en mantener la calma. Para pensar claramente. Volvió la cabeza y miró a lo largo del Embankment. Neuma
La mujer echó a andar de nuevo. Notaba en el pecho los acelerados latidos de su corazón. Llegó a la estación de metro de Blackfriars, bajó y sacó billete para Victoria. Neuma
Catherine se encaminó al andén con paso vivo. Neuma
Catherine se sentó. Neuma
Durante dos horas, Neuma
Neuma
Neuma
– ¡Catherine, santo Dios! -llamó-. ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Qué ha sido de ti?
Ella alzó la mirada, con la alarma reflejada en el rostro. Neuma
– Tenemos que hablar -dijo-. Busquemos un sitio donde podamos tomar un poco de té y cambiar impresiones.
La inesperada maniobra de Neuma
– La Comisión Veinte dice que los dejemos circular.
– No me gusta -repuso Vicary, sin apartar la mirada de la pared-. Evidentemente, se han percatado de la vigilancia. Están sentaditos, estudiando un plan de acción.
– Eso no lo sabes con seguridad.
Vicary alzó la cabeza.
– Es la primera vez que la vemos reunirse con otro agente. ¿Y ahora está en un bar de Mayfair tomando té con tostadas en compañía de Rudolf?