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¿Pero cómo hacerlo? Observó atentamente el motor. Varios tubos metálicos cruzaban por encima y convergían en un solo puntode la parte lateral del motor. ¿Podían ser los tubos de alimentación? ¿Entraban por aquel punto en la bomba de alimentación?
Miró a su alrededor. Necesitaba herramientas. Los marinos siempre llevan herramientas consigo. Después de todo, ¿qué pasa si el motor sufre una avería en el mar? Vio una caja metálica en el extremo de la cabina y se arrastró hacia adelante. Miró por la portilla. El submarino cubría gran parte de su campo visual. Estaban ya muy cerca. Vio también la otra embarcación. Se había alejado. Abrió la caja metálica y la encontró llena de herramientas sucias ycubiertas de grasa.
Sacó dos, un par de alicates de presión y un martillo de gran tamaño.
Tomó los alicates con ambas manos, dirigió la boca hacia las cuerdas de las muñecas y empezó a apretar. Tardó un minuto en soltarse las manos. Luego utilizó los alicates para cortar las cuerda que ligaba los tobillos.
Regresó a rastras hasta el motor.
Dejó los alicates en el suelo y los escondió debajo de un rollo decuerda. Luego recogió el martillo, lo levantó y lo abatió violentamente contra el primer tubo de alimentación de combustible. Lo rompió y el gasóleo empezó a derramarse. Rápidamente, repitió los martillazos hasta destrozar el último tubo de alimentación.
El motor dejó de funcionar.
Desaparecido aquel estruendo mecánico, Je
Sabía que sólo iban a transcurrir unos segundos antes de Neuma
La puerta se abrió con brusquedad y Neuma
– ¿Qué has hecho, Je
La barca, sin fuerza propulsora, descendió impotente por la ladera de una ola.
Neuma
Je
Je
El Kapitänleutnant Max Hoffman vio que la Camilla empezaba a bambolearse a la deriva, desamparada en aquel mar arbolado, y comprendió al instante que se había quedado sin energía. Se dio cuenta de que tenía que actuar con rapidez. Sin propulsión alguna, la barca se iría a pique. Incluso podría volcar. Si los agentes se veían arrojados al gélido mar del Norte, morirían en cuestión de minutos.
– ¡Número Uno! Avance hacia la barca y prepare el abordaje.
– ¡Sí, herr Kaleu !
Cuando el submarino arrancó despacio hacia adelante, Hoffman sintió bajo sus pies las vibraciones de los motores Diesel.
Je
– Quédate aquí -dijo-. Si subes a cubierta, te matará. Haz lo que digo, Je
Neuma
– Me caí y me di un golpe en la cabeza cuando la barca se bamboleó. El motor no funciona.
La linterna de Neuma
Catherine se le unió en la cubierta. No podía creerlo. La noche anterior estaban sentados en un café de Mayfair, rodeados de hombres del MI-5, y ahora, milagrosamente, estaban a punto de subir a un submarino y alejarse de Inglaterra. Seis largos y penosamente solitarios años… acababan por fin. Nunca creyó que iba a ver la llegada de aquel día. Lanzó al aire un grito jubiloso e infantil y, lo mismo que Neuma
La nariz de acero del sumergible golpeó la proa del Camilla. Una partida de abordaje corrió por la cubierta hacia ellos. Catherine pasó los brazos alrededor de Neuma
– ¡Lo conseguimos! -exclamó-. ¡Lo conseguimos! ¡Volvemos a casa!
De pie a la rueda del timón de la Rebecca , Harry Dalton describió la escena a Vicary, transmitiéndosela a Grimsby. A su vez, Vicary se la describió a Arthur Braithwaite, que estaba en la Sala de Rastreo de Submarinos.
– ¡Maldita sea, comandante! ¿Dónde está esa corbeta?
– Está ahí mismo. Lo que ocurre es que el mal tiempo impide verla.
– ¡Bueno, pues dígale al capitán que haga algo! Mis hombres no pueden detenerlos.
– ¿Qué instrucciones he de dar al capitán?
– Que dispare sobre la barca y mate a los espías.
– Comandante Vicary, me permito recordarle que en esa embarcación va una muchacha inocente.
– Que Dios se apiade de mí por decir esto, pero me temo que en unas circunstancias como éstas no podemos preocuparnos de eso, comandante Braithwaite. Ordene al capitán de la corbeta que golpee a la Camilla con todo lo que tenga.
– Entendido.
Vicary colgó el teléfono, mientras pensaba: «Dios santo, pero sime he convertido en un perfecto hijo de Satanás».
El viento abrió una brecha momentánea en la cortina de lluvia y niebla. El capitán de la corbeta 745, en el puente de mando, divisó al submarino U-509 y a la Camilla a unos ciento cincuenta metros de su proa. A través de los prismáticos vio a dos personas en la cubierta delantera de la Camilla y una partida de rescate que corríapor la cubierta del submarino alemán. Dio inmediatamente la orden de disparar. Segundos después, el cañón de cubierta de la corbeta abría fuego.
Neuma
Neuma
Max Hoffman, que contempló la tragedia desde la torreta, ordenó a su primer oficial que pusiera los motores Diesel a toda máquina y que procediese a la inmersión de la nave con la máxima rapidez posible. En cuestión de segundos, el U-509 se alejaba de aquel escenario a toda velocidad. Y dos minutos después se sumergía bajo la superficie del mar del Norte y desaparecía.
La Camilla , sola en el mar, con las cubiertas anegadas de sangre, se iba a pique.
A bordo de la Rebecca imperaba la euforia. Los cuatro hombresse abrazaron al ver al submarino virar en redondo y emprender la huida. Harry Dalton llamó a Vicary y le comunicó la noticia. Vicary hizo dos llamadas, la primera a la Sala de Rastreo de Submarinos para dar las gracias a Arthur Braithwaite, la segunda a sir Basil para informarle de que por fin todo había terminado.
Je
Logró incorporarse, el balanceo de la nave volvió a arrojarla al suelo y se levantó otra vez. Subir aquella escalerilla parecía algo imposible. Por fin, llegó a cubierta. El viento tenía una fuerza tremebunda. La lluvia la azotó lateralmente. La barca parecía ir en varias direcciones al mismo tiempo; subía y bajaba, avanzaba y retrocedía, giraba de un lado a otro. Mantener el equilibrio era imposible. Miró hacia proa y vio los cuerpos. No los habían matado a tiros. Los proyectiles artilleros los habían desgarrado, mutilado, hecho pedazos. Con toda la sangre y la lluvia, la cubierta tenía un color rosado. La náusea agitó el estómago de Je
Agitó los brazos, gritó y rompió a llorar. Estaba deseando contarles lo que había hecho. Ella fue quien averió el motor para que la barca se detuviera y los espías no pudiesen llegar al submarino. Je