Аннотация
Habló el que siempre repetía la cantilena de la flota de mar:
– ¡Por el sol…! -Le sintieron decir.
Y si alguien mas lo oyó también debió pensar que era la prImer cosa atinada de lo mucho que dijo durante todas esas semanas de marcha.
Días malgastados y leguas descaminadas en esa pampa interminable, tolerando las serenatas de los payucas y dichos hasta peores y mas desquiciados que los del marino, cuidando parecer que seguían creídos de que tarde o temprano llegarían al oeste y que alcanzarían la sierra chica y mas atrás el nacimiento del río que, corriente abajo, los llevaría justo hasta El Lugar.
Llamaban El Lugar al sitio de encuentro de todos los que seguían firmes en la idea de juntarse y volver a empezar. Se platicaba eso pero de los derroches de tiempo y del descaminar leguas y jornadas nadie en la tropa cometió la imprudencia de hablar.
Tropa: solo tanta arma y munición encajonada demorándose en las carretas justificaba llamar tropa a ese montón ...

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